Por un lado tenemos a un colectivo de trabajadores supuestamente representados por la empresa semipública AENA y por el sindicato UCSA. Por el otro a un gobierno más preocupado en asegurar el apoyo del electorado que en gobernar España. Tras años de negociaciones, tanto la avaricia de los representantes laborales del colectivo como la dejadez, ineptitud e incapacidad de los representantes políticos durante estos últimos años, han desembocado en un sistema insostenible que tan culpa es de los representantes laborales como de los políticos.
La «solución» del gobierno, por decir algo, ha sido la de anular todos estos acuerdos previos que fueran excesivos o no, eran los acordados por aquellos cuya función por la que están es esa: acordar soluciones. Y el aviso de la aplicación del decreto se hace precisamente justo antes del puente festivo.
Tal situación límite han llevado a dicho colectivo de trabajadores a arriesgar sus carreras y puestos de trabajo dejando desasistidos los aeropuertos, actuando de forma independiente de sus representantes, pero unida como colectivo de trabajadores. Admitiendo que la reacción de estos fue excesiva, igual de cierto es que no podían hacer otra cosa, además de bajarse los pantalones. En todo caso, es en estos momentos de crisis cuando se delatan los fallos endémicos del sistema en la que hay que incluir a la propia sociedad: además de la errónea actuación de los representantes, el resto de la sociedad pone a todo el colectivo en su mismo saco y los califica de «mafiosos privilegiados», anteponiendo sus rencillas y desavenencias personales en contra de unos trabajadores que poco más podían hacer al verse entre la espada y la pared.
Por añadidura, el Estado con un partido político en clara crisis electoral y con un político como Rubalcaba al frente por primera vez desde la transición de tres puestos de principal importancia, nos tenía a todos expectantes a ver cuando realizaba su jugada maestra de forma similar a aquel 13 de marzo de 2004 de trágico recuerdo. Esa jugada ha llegado probablemente y consiste en:
- Echar el anzuelo a los controladores, sabiendo su situación y esperando a ver como reaccionan.
- Habiendo picado el anzuelo los controladores, se relaciona al Partido Popular con ellos.
- Se aprovecha para poner a la opinión pública en su contra para justificar las acciones del gobierno, como la de privatizar la gestión de AENA, algo impensable con ZP al frente.
- Y lo más importante, se declara el estado de alarma y así se imposibilita la convocatoria de elecciones anticipadas.
Para que todo esto funcione es necesario que la sociedad española caiga también en la jugada. Y parece que es así, que Rubalcaba nos conoce muy bien y sabe como vamos a responder. Sabe que traicionaremos a nuestros conciudadanos y acusaremos a los controladores de tener como rehenes a los pasajeros de un avión y hacerles dormir en un banco una noche, aunque los políticos lleven a millones al paro y paralicen a diario la vida de miles de personas. Mientras tanto, los verdaderos rehenes son los controladores que han de volver con la cabeza baja a sus puestos de trabajo, con militares armados obligándoles a continuar con un trabajo para el que, por unos motivos u otros, nadie más puede hacer y para el que no existen suficientes recursos ni para cubrir los servicios mínimos en caso de huelga, motivo por el cual ha ocurrido lo ocurrido. Y ahora a callar.
Si, Rubalcaba nos conoce y muy bien.