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sábado, 24 de enero de 2015

catalán y valenciano: una explicación independiente

Fuente: Wikipedia
¿Qué se esconde tras el conflicto lingüístico que afecta a las comunidades catalana y valenciana? ¿realmente se conoce el origen y causas de este enfrentamiento? ¿existe realmente el conflicto o se trata tan sólo de «política»? Da la impresión como si el resto de España considerase este asunto como «ruido de fondo». Uno más de esos conflictos perennes que de vez en cuando reaparecen en las portadas de los periódicos, cuando no tienen otra cosa que contar. Pero ¿es posible pensar en algún ámbito en España que no se vea afectado por la política? La respuesta es que para bien o para mal no existe rincón que no se haya visto condicionado por las decisiones políticas. Y este es uno de los que más.

En esta España del enfrentamiento y del maniqueísmo —o conmigo o contra mi, Barça o Madrid, PSOE o PP, etc.— se buscan explicaciones absolutas y contundentes. Un «sí» o «no». O un «blanco» o «negro». De esta manera se fragmenta la sociedad en grupos enfrentados, cuyas posturas son dogmáticas, rígidas e inamovibles. No hay cabida para el detalle o la sutileza.

Sin embargo, es necesario algo más de esfuerzo para ir al meollo. Hay varias preguntas que surgen al intentar entender este asunto. Responderlas con un sí o un sirve para poco más que satisfacer los dogmas de cada grupo, grabados a fuego durante décadas en el acervo colectivo de la sociedad española. Todo intento de escapar de uno u otro dogma se encuentra con más dudas y rara vez se llega a la causa de todos estos malentendidos.

Este va a ser un largo artículo. Por este motivo se ha dividido en varias partes, con un índice y enlaces a cada una de ellas:
  1. Pregunta: ¿son el catalán y el valenciano una misma lengua?
  2. Pregunta: Si son la misma lengua ¿cómo se llama?
  3. Pregunta: ¿viene el valenciano del catalán?
  4. Conclusiones
  5. Bibliografía
  6. Notas


1ª pregunta: ¿Son el catalán y el valenciano una misma lengua?
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Naturalmente, los lingüistas pueden responder perfectamente a esta cuestión, pero en términos que sólo son útiles para otro lingüista. A la hora de clasificar las lenguas, los especialistas diferencian entre taxonomía popular —susceptible de factores sociológicos— y taxonomía glotológica —la definida por la propia ciencia lingüística—. Sin embargo, los propios especialistas se incluyen como parte de mundo científico, sin asumir que son también parte de la sociedad y por tanto, sujetos a factores políticos de forma similar a como lo pueden estar los jueces, los periodistas o los médicos de empresa.

Para responder a esta pregunta en los términos adecuados para los profanos, habría que comprender mejor qué es una lengua y cuándo estas son «la misma». Por ejemplo, todo el mundo está de acuerdo en que la lengua hablada en Extremadura es la misma que la hablada en Murcia —por poner un ejemplo cualquiera—. Sin embargo, todo el que ha podido viajar por España habrá podido comprobar como existen expresiones, giros y un vocabulario que difiere notablemente entre zonas. Son «lo mismo», pero no «iguales».

¿Que ocurre?

Pues que las lenguas irremediablemente evolucionan, y lo hacen de forma diferente según el lugar.

Entonces ¿por qué continúan siendo la misma lengua?

Porque hay una serie de instituciones que se encargan de mantener cierta homogeneidad entre las distintas zonas. Estas instituciones difieren en función de la tradición. Por ejemplo, en el ámbito continental es habitual encontrarse con «academias» lingüísticas centrales que tienen poder para decidir en estos asuntos. Este poder emana del Estado, es decir, es en última instancia un poder político.

En España y otros países hispanohablantes existe la Asociación de Academias de la Lengua Española, que se reúnen periódicamente para incluir en el Diccionario Panhispánico todos aquellos términos que han surgido en cada territorio, con el objeto de mantener una homogeneidad aceptable, de forma que glotológica y socialmente puedan continuar considerándose una misma lengua(1).

Por otro lado, en el ámbito anglosajón no existen estas instituciones. Por este motivo las lenguas mantienen sus denominaciones originales y su heterogeneidad es mucho mayor. Las únicas instituciones que hacen algo por mantener la lengua —el inglés en este caso— dentro de la inteligibilidad en el territorio son ciertas «autoridades» culturales o científicas como la cadena pública de difusión británica BBC —en España el concepto de autoridad cultural se encuentra viciado por el ámbito político— .

¿Por qué hay entonces diferentes lenguas en España?

Debido a que el proceso normalizador y homogeneizador no ha sido uniforme, a causa de que los territorios, los poderes políticos correspondientes y las instituciones encargadas de mantener el «orden» lingüístico, han variado a lo largo de los siglos o, no han existido. En el caso de la Corona de Castilla ha habido desde Alfonso X una clara intención de homogeneización lingüística. Sin embargo, en la Corona de Aragón con una configuración política descentralizada, se ha seguido el modelo anglosajón, esto es, sin instituciones centrales que mantuvieran dentro de ciertos parámetros la uniformidad lingüística.

Debido a esta circunstancia, el castellano es el resultado de numerosas transformaciones desde el latín vulgar hasta la actual lengua española —hablada en todo el territorio—, al verse sometido a sucesivos procesos normalizadores, incorporando términos de todo el territorio que ha conformado primero la Corona de Castilla, y posteriormente el Reino de España. Por el contrario, el latín vulgar hablado en la Corona de Aragón ha evolucionado en función del desarrollo literario espontáneo —normalmente proveniente de las clases sociales que podían permitírselo(2)—, preservándose aquellas variantes de mayor prestigio literario.

Además de la intención normalizadora explicada en los párrafos anteriores, siempre existe una tendencia natural del pueblo a continuar con su «lengua original» previa —sobre todo si los cambios venían de decisiones tomadas a muchos kilómetros de distancia—. Por este motivo las regiones periféricas de Castilla han mantenido sus lenguas o dialectos —según el caso—: gallego, asturiano, cántabro, leonés, andaluz, etc. Por el contrario, cuando este proceso se realiza según el modelo anglosajón basado en el prestigio o autoridad cultural literaria, el pueblo tiende a imitar o a emular las variantes de mayor caché. Aunque en todo caso, este fenómeno puede darse de cualquier manera, dependiendo mucho del concepto de «autoridad» que la sociedad tenga.


1ª Respuesta
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Con el contexto algo mejor definido, la respuesta es que sí: las lenguas habladas en las comunidades catalana y valenciana, así como la balear, son la misma lengua desde un punto de vista glotológico —es decir, científico—. Antes de que alguien me encasille en algún sector ideológico, recordarles que aún no se ha acabado el artículo.

Decir que son la misma lengua o que pertenecen a un mismo «sistema lingüístico» resulta una obviedad. En otro artículo anterior ya se vio que en cierto momento de la historia se partía en toda la península de una misma lengua. Deberíamos preguntarnos primeramente por qué dejaron de serlo, en lugar de si lo son o no ahora.

Por lo comentado anteriormente, la posterior creación de lenguas distintas responde básicamente a la falta de algún tipo de institución o autoridad —sea política o literaria— que mantenga un referente o modelo común a seguir en todo el ámbito geográfico. Al no existir una política lingüística con intención unificadora como si ocurrió en la Corona de Castilla, la consecuencia ha sido una divergencia político-lingüística que ha creado las diferencias actuales. En unos casos la separación ha sido tal que la compatibilidad era imposible desde un punto de vista puramente idiomático. En otros, se trata de «dialectos» o «variantes» de un mismo «sistema lingüístico» proveniente del latín vulgar, sin llegar a la escisión.

En la península, en el caso del resto de variantes del latín vulgar que no entraron en la influencia reguladora del castellano, los especialistas consideran que no ha existido una divergencia lo suficientemente grande como para que sean lenguas distintas, por tanto, se consideran una. Pero esto no significa que sean «iguales», ni que no hayan recibido nombres diferentes durante siglos en base a identificar dichas diferencias entre las variantes. Ni que unas se subordinen a otras. Las autoridades correspondientes deberían respetar dichas diferencias o dejar que sea la propia sociedad la que las mitigue. Y mucho menos, crear subordinaciones de unas lenguas respecto de otras, que nunca han existido.

Es en este punto donde la comunidad científica dedicada a los asuntos lingüísticos se ha dejado influir por factores socio-políticos, dejando una «versión oficial» muy tendenciosa. La pregunta que hay que hacerse ahora es:


2ª pregunta: si son la misma lengua ¿cómo se llama?
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La versión oficial sitúa al valenciano y al balear como dialectos del catalán, junto al catalán noroccidental y el «central», respectivamente. Según esta visión la lengua se llamaría catalán. Ahora bien,

¿quien lo ha decidido?

Si bien los lingüistas pueden demostrar que valenciano, catalán y balear son una misma lengua, la asignación de denominaciones responde a criterio básicamente sociológico o político. La decisión final que rige en la actualidad ha venido, como no podía ser de otra manera, de las autoridades correspondientes, en este caso, el Gobierno de España —Poder Ejecutivo— con la aprobación del parlamento —Poder Legislativo— y con la complicidad del Poder Judicial.

¿Por qué? ¿qué criterio han seguido?

Gracias a los acontecimientos de los años recientes ya es posible hablar de los fallos del actual sistema político con normalidad. Estos fallos son sobre todo la falta de representatividad(3) que provoca tendencia a la demagogia y dependencia de los llamados «partidos bisagra». Otro problema es la falta de independencia de los poderes del Estado, que provoca que el gobierno use al parlamento para aprobar las leyes y normas que les conviene. Y por supuesto el Poder Judicial cuyas resoluciones tienen más que ver con la política que con la Ley.

En esta situación está bastante claro lo que ha ocurrido: los partidos nacionalistas y los centralistas, han pactado dentro de las necesidades parlamentarias de formar gobierno, ciertas condiciones que pasan por dar carácter oficial al catalán como denominación y la creación —desde cero— de una normativa lingüística que incluya todas las variantes idiomáticas de los territorios en cuestión —metidas con calzador en lo que «curiosamente» se corresponde con la paranoia nacionalista denominada Países Catalanes— regulada por una institución controlada políticamente por el catalanismo.

¿Desde cuando?

Algo ha cambiado desde la Transición en cuanto a censura, manipulación de los medios y uso fraudulento de las instituciones públicas, pero no todo lo deseable. Desde la formación del nuevo sistema político, los gobiernos catalanistas han usando todos los resortes a los que han podido acceder para ir construyendo pieza a pieza, lenta pero inexorablemente, su modelo de construcción nacional. Este pasa por la unificación lingüística, política, cultural —y económica— de aquellos territorios que consideran afines y necesarios.

Se puede decir que esto ocurre desde la Guerra de Cuba, cuyo desenlace negativo para España supuso el inicio de una época de desmoralización y perdida de una autoridad que se había inflado demasiado desde hacía tiempo. Precisamente en aquella época, los herederos de aquella aristocrácia catalana que había vivido siempre convenientemente arrimada al poder que más cerca tenían —el Imperio Carolingio primero y el Español después—, se dieron cuenta de que ya no les servían y comenzaron a montarse su propio tinglado.

Un caso sencillo que puede servir de muestra es el de la Real Academia de la Lengua. Es conocido que está formada por una serie de académicos que ocupan unas plazas conocidas como «asientos». Según se ve en su página web, entre los años 1926 y 1930 —en plena efervescencia del estatuto de autonomía catalán que vendría cuatro años después— se crearon unas plazas denominadas secciones especiales dedicadas a otras lenguas españolas. Estas son la catalana, la gallega y la vascuence.

Sin embargo, esto no fue así, exactamente. En el documento original enlazado en la Wikipedia, hay unos artículos —en la parte central del documento digitalizado— reproducidos a continuación, señalando en negrita cierta información:
  • Artículo 2º Constará además de cuarenta y dos Académicos correspondientes españoles, de los que habrá dos especializados en el catalán, uno en el valenciano, uno en el mallorquín, dos en el gallego y dos en el vascuence.
  • Artículo 3º Se crean en la Real Academia Española tres secciones denominadas: de la lengua catalana y sus variedades valenciana y mallorquina; de la lengua gallega y de la lengua vascuence; compuesta cada una de los Académicos  de su especialidad respectiva, expresados en el artículo 1º, y de un número igual de otros Académicos numerarios, designados por dicha Corporación, siendo presididas todas las Secciones por el Director de la Academia.
  • Artículo 4º Tendrá como función cada una de dichas secciones, con respecto a su especial idioma, las mismas que para la lengua castellana determina el artículo 1º de los Estatutos de la Academia aprobados por Real decreto de 31 de Agosto de 1859, y además la formación de los Diccionarios respectivos.
Por una parte, se evidencia la mención clara y diferenciada del valenciano y del mallorquín —desaparecidas en la actual versión— representados por unos académicos que, aun englobados junto a los representantes del catalán, no son intercambiables entre si. Por otro lado, aunque no se establece una dependencia jerárquica dentro de la sección —todas las variantes están al mismo nivel—, esta recibe el nombre de una de las variantes:
  • Lengua catalana ¿?
    • Variante catalana ¿?
    • Variante valenciana
    • Variante mallorquina
Esta ambigüedad y polisemia es uno de los orígenes que han dado lugar posteriormente a tantos enfrentamientos. Paradójicamente, mientras que Valencia y Mallorca han tenido en su historia una definición política clara —Reinos de Mallorca y Valencia—, los Condados Catalanes eran un grupo disperso predominado por el Condado de Barcelona —nobles y militares, con actividad literaria escasa— que no llegó a formarse como reino nunca. Se ve que esta frustración les ha perseguido como una maldición durante centurias, cobrándose ahora la venganza.

¿Quienes regulan la lengua?

Con la nueva estructura política tras la Guerra de Sucesión y la imposición del castellano como lengua española oficial, los asuntos en materia lingüista siguieron el modelo de la Corona de Castilla. La Real Academia Española se fundo en 1713 —el año de finalización del conflicto— y desde entonces se ha encargado de normalizar la lengua —junto con las academias del resto de países hispanos—. 

Un detalle muy importante de esta situación, es que si bien la lengua oficial —la poca educación que hubiera, documentos oficiales, etc.— era el castellano, el resto de lenguas locales no fueron prohibidas, ni mucho menos sustituidas. Es decir, el catalán seguía siendo el catalán, el valenciano seguía siendo el valenciano, y así sucesivamente. Tal vez las formas no nos parezcan correctas siglos después, tal vez los distintos conceptos de autoridad logrados tras una cruenta guerra no fueron aceptados de buen grado. A pesar de todo, la normalización de una lengua oficial para todo el Estado no tenía pretensión de sustitución ni de usurpación cultural. 

El Instituto de Estudios Catalanes es la institución análoga en el ámbito catalán fundada en 1907. La diferencia en la filosofía de esta institución es que en este caso, si que se pretende la sustitución y apropiación de todos los aspectos culturales de aquellos territorios, autores y obras, que dicho órgano decide que entran dentro de su ámbito. De esta manera, ha creado una lengua artificial basada en los clásicos de origen valenciano, por ser el principal referente literario. Todo con la aprobación oficial de un Real Decreto del año 1976. En plena transición y a buen seguro, fruto de algún trato entre las partes que participaron en aquel acuerdo a puerta cerrada.

Los intentos de «catalanización» han sido evidentes en las comunidades valenciana y balear. Una imposición cultural sin esperar ningún acuerdo de las partes, fundamentada en acaparar el mayor numero de instituciones educativas —colegios, universidades, etc—. Naturalmente, la respuesta de la sociedad fue notoria, siendo más efectivo el rechazo en la Comunidad Valenciana. Como resultado de estas primeras etapas del conflicto tras la Transición, se creó una institución normalizadora en el ámbito valenciano llamada Academia Valenciana de la Lengua. A priori, esta institución ha dado carácter oficial al llamado subestándar valenciano, lo que ha limitado la implantación del catalán en esta comunidad. 

Sin embargo, el llamado valenciano normalizado es un pastiche forzado a encuadrarse dentro de la normativa catalana, que no es de agrado general. Se acepta con encogimiento de hombros, como otra tanta de las decisiones políticas que se toman. Y en otra buena parte, por el carácter afable —tal vez en exceso— de las gentes de esta comunidad.

A nivel internacional —donde una comunidad autónoma no tiene nada que hacer salvo que cuentes con el apoyo del Estado— el valenciano es ignorado sistemáticamente. A nivel de Estado, se asume que el catalán genérico es una norma por encima del valenciano. Mientras tanto, el valenciano tradicional que habla la gente en la calle desde hace más de cinco siglos, continua con el modelo anglosajón, con la desgracia de que ha perdido referentes literarios actuales(4).


2ª Respuesta
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Lo cierto es que no hay un nombre que satisfaga a todos, pero, si cada variante tiene su nombre ¿qué más da? Los únicos que tienen verdadero interés en asignar un nombre al conjunto es el nacionalismo catalanista, con el pretexto de que tendría «más entidad», pero pasando necesariamente por aceptar el que ellos elijan. No es molesto desear la unión, si que lo es el menosprecio y la imposición.

Llamar catalán a todo el conjunto sería aceptable sino fuera por el uso abusivo que se hace de esta circunstancia. Se aprovecha un término genérico para denominar a una parte de la misma manera que el todo. De una lengua carente de identidad y sin base literaria importante, a pretender ser el centro por la fuerza de los hechos consumados. Lograr que los poderes adecuados den carácter oficial a esta confusión, ha sido el pie para que con el paso de los años se impongan forzosamente como los «padres» de la lengua, así como los reguladores y garantes de la «pureza lingüística».


3ª pregunta: ¿viene el valenciano del catalán?
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La historiografía castellanista —la habitual— da a entender que el habla de un pequeño reino del norte de la península se extendió por todo dicho territorio, sustituyendo el habla de los habitantes locales. Esto podría aplicarse a aquellas zonas que fueron fuertemente repobladas —las del centro de la península—, pero no al resto. Por otro lado, el castellano tan sólo mantuvo su denominación por ser esta la del reino que por carambola, se mantuvo igualmente tras un proceso azaroso de uniones y herencias dinásticas —a alguno tenía que tocarle—. Posteriormente —como lengua española— se ha desarrollado gracias a la aportación de toda España y a la normalización de la Real Academia de la Lengua.

Nadie se molesta demasiado en explicar todos estos matices, dejando que se malinterprete. Esta exageración, acentuada aún más por el nacionalismo franquista, es la que paradójicamente usa el nacionalismo catalanista para «convencernos» de su teoría de la expansión del catalán por los territorios de la antigua Corona de Aragón que no se vieron influidos por otras variantes peninsulares —la Casa de Trastámara de origen castellano, llevó tras de si su habla al Reino de Aragón—.

La confusión más extendida es que como Valencia fue conquistada por catalanes, estos llevaron su lengua con ellos. Según esta teoría, el Reino de Valencia fue desprovisto de su lengua  —en el pasado y en el futuro— al ser repoblado por catalanes. Esta es una versión muy simplificada de los hechos, que es sin embargo, la más extendida. 

¿Qué se hablaba antes de la «Reconquista» en Valencia?

En la España Musulmana el idioma oficial era, como puede esperarse, el árabe. Sin embargo, existen pruebas suficientes que demuestran que el latín vulgar de los pobladores locales continuo utilizándose —siguiendo las pautas habitual en estos casos—. De alguna manera el latín vulgar perduró entre el pueblo autóctono de la Taifa de Valencia. A esta variante del latín se le llama mozárabe.

La larga estancia del árabe en la península —nada menos que ocho siglos— hace suponer que este podría haber desaparecido, pero nadie puede decirlo con seguridad. Lo que si se sabe con certeza es que la población morisca en el Reino de Valencia que permaneció era una de las más numerosas, que se evidencia en la conservación de la toponimia.

La falta de documentos escritos —poca gente escribía, y si lo hacía, era en árabe— dificulta establecer hasta qué punto éste perduró, por lo que normalmente el mozárabe no es considerado. En todo caso, la población local continuó con su lengua conviviendo con la de los repobladores y previsiblemente influyendo en ella. Fuera el árabe, el mozárabe, o alguna combinación de ambos.

¿Qué hablaba Jaime I?

Con la llegada al Reino de Aragón de la dinastía de los Trastámara —de origen castellano— se introdujo otra variante del latín vulgar que se identificaba con el habla de «los castellanos», distinta a la de los pobladores del resto de condados de la Marca Hispánica—unos emplazamientos militares creados por los carolingios para evitar el paso de los musulmanes por los Pirineos—. Al parecer, los monarcas llevaban tras de si la lengua al trono que ocupaban. La cercanía con las autoridades y la necesidad del uso de su lengua para asuntos oficiales, conllevaba que el pueblo lo adoptase. Siempre y cuando aceptase dicha autoridad.

Esto es lo que normalmente ocurre: la autoridad aceptada de forma legitima, sea política, cultural o de cualquier otro tipo, suele ser modelo y ejemplo a imitar. Don Jaime I El Conquistador fue uno de los monarcas más apreciados de la época, por lo que cabe preguntarse qué hablaba dicho monarca. Don Jaime I nació en Montpellier, hijo de la noble María de Montpellier. Se crió allí, por lo que parece muy probable que hablase la lengua del lugar y esta era el occitano. No hablaba catalán, aunque ambas lenguas eran muy similares, debido a su misma procedencia y a la poca divergencia político-lingüista que existía en aquella temprana época. La cuestión es que la lengua de la autoridad legítimamente establecida entre los repobladores venía de más allá de los Pirineos.

¿Quienes fueron los repobladores?

Supongamos que, tal y como está establecido en la teoría catalanista, los catalanes se establecieron en el Reino de Valencia recién formado, transmitiendo así su lengua. Para que esto sea así son necesarias al menos una de estas dos cosas: que exista algo llamado Cataluña y algo llamado catalán(5).

La referencia más antigua de Cataluña es la de Principado de Cataluña en 1350, refiriéndose a una agrupación de condados —inicialmente Barcelona, Gerona y Osona, llamado en la actualidad Cataluña Vieja— que no constituían una unidad política, salvo que estaban bajo el gobierno del mismo noble (Ramón Berenguer I) que recibía el título de «Príncipe» desde el 1058, como algo honorífico o simbólico.  El resto de lo que hoy se conoce como Cataluña —la Nueva—, fue conquistado por Berenguer IV en el Siglo XII. Aparte de esto, quedaban algunos condados —Condado de Urgel, entre otros(6)— que fueron dinastías separadas hasta su integración con la Corona de Aragón.

Un siglo después aproximadamente, el Reino de Valencia fue creado por Jaime I en 1239 para evitar que la nobleza catalano-aragonesa metiera sus zarpas, algo que no les sentó muy bien. De esta forma se creo un reino con fueros independientes, lo que daba forma a una Corona de Aragón de estructura confederada.

Es decir, Cataluña no existía como tal, aunque haya que usar este término para referirse a los pobladores de los condados que en aquel entonces, ocupaban el terreno llamado así ahora. Además, aunque el Conde de Barcelona era muy influyente, permaneció dividida en dos bloques cultural y socialmente diferentes. Siendo estrictos, Valencia se creo como entidad política diferenciada antes que Cataluña.

El Reino de Valencia se convirtió de esta manera en un territorio libre, bajo la tutela de un rey tan magnífico como magnánimo. Es fácil imaginar lo que supuso este hecho, atrayendo repobladores de toda la Europa cristiana, pero sobre todo —por cercanía— aragoneses, catalanes, occitanos, y castellanos, que huían de sus feudos rígidamente gobernados por nobles avariciosos. De todos estos sitios, los más prósperos y pacíficos eran los territorios denominados como Occitania —que de forma similar a Cataluña, tampoco era una entidad política(7)—. Esta era una franja que quedaba entre el Imperio Carolingio y la Marca Hispánica. Gracias al clima y a la estabilidad política floreció un arte y literatura importante cuya manifestación principal fueron los trovadores.

Entre los trovadores de Occitania y los feudos militares de los Condados Catalanes, se puede concluir que si hubo alguna autoridad cultural esta una vez más, venía de más allá de los Pirineos. El resultado de todo esto fue una explosión de magnificencia cultural y económica marcada en la historia como el Siglo de Oro Valenciano.

¿Como llamaban a su lengua?

Las referencias más antiguas a los nombres de las lenguas se han encontrado recientemente en unos documentos que hablan de catalanesc en 1290 y valencianesch en 1343, apenas medio siglo de diferencia y posteriores a la creación del Reino de Valencia. Por tanto, ni existía Cataluña como entidad política, ni Jaime I era catalán ni hablaba dicha lengua y la mayor influencia cultural de la época tampoco era Cataluña.

A pesar de todo, concedamos por un momento la remota posibilidad de que un número indeterminado de pobladores de lo que hoy en día se llama Cataluña, influyeran sobre todos los demás hasta el punto de convencer a la gente de que hablaban catalán. Vale.

Uno de los más relevantes escritores de aquel periodo histórico fue Ausias March (1397~1459). En una publicación de 1539 de las obras de Ausias March traducidas al castellano, se presenta al autor con esta frase: cavallero valenciano de nacion catalan. Si se tiene en cuenta el concepto de nación de aquel siglo, se estaba refiriendo a la cuna de su ascendencia noble —por supuesto, el nacionalismo catalanista no lo interpreta así—. En cualquier caso, con estas premisas uno podría esperarse un claro ejemplo de valenciano hablando catalán. Sin embargo, en la misma publicación pero en la página siguiente, se identifica al escritor valenciano con la lengua lemosina —una de las variantes del occitano—. Una vez más la influencia lingüística se aleja más allá de los Pirineos.

A pesar de estas evidencias, la entrada en la Wikipediaa merced del nacionalismo catalanista, organizado y vigilante— afirma de forma completamente estrambótica que da igual, que diga lo que diga se refiere a la lengua catalana, dando como únicas pruebas comentarios de autores de finales del siglo XIX. Es decir, que durante cuatro siglos se vinculó al valenciano con la lengua lemosina, hasta la época en la que surgió el nacionalismo catalanista. Este se basa en argumentos de una autoridad lograda en el terreno político posteriormente, para demostrarse a sí mismo —paradoja de la autoreferencia—.

El cuñado de Ausias March fue Joanot Martorell (1413~1468), de ascendencia catalana por parte de madre y autor de la obra Tirant lo Blanch, una de las más importantes de la literatura universal. En ella se hace mención explicita a la lengua original del autor —nacido y criado en Gandía— y de la obra como «lengua valenciana».

De estos dos hechos se desprende que ni siquiera autores de ascendencia catalana —pero criados en Valencia— llamaron a su lengua de esta manera. Es probable que ni tan siquiera los propios catalanes, es decir, los pobladores de los feudos dominados por los nobles catalanes, pensasen que hablaban otra cosa distinta a una variante del occitano. Se puede decir que fue el valenciano y su literatura el que originó el catalán, y no al revés.

¿Quienes son los dueños de una lengua?

Como se vio en otro artículo, se puede decir que realmente la lengua no tiene dueños, aunque todo el mundo desea serlo. Es inevitable no obstante, que las sociedades se organicen políticamente, haciéndolo dentro de un contexto político y cultural determinado. Cada sociedad crea sus tradiciones y normalmente, no se acepta que las sociedades vecinas interfieran decidiendo en ellas. A pesar de ello, mediante la influencia política puede lograrse que determinados valores culturales se «traspasen» a otros territorios. Casos como estos son la influencia que la cultura de los EEUU tiene en el resto del mundo, o como Alemania toma decisiones que afectan toda Europa.

La Comunidad Valenciana es una continuación del antiguo Reino de Valencia(8), dentro del contexto social, político y cultural de la Corona de Aragón, Occitania, la Península Itálica y la vecina Corona de Castilla, sin olvidar el mundo musulmán —en definitiva, el Mediterráneo—. Desde entonces ha creado sus propias costumbres, tradiciones y ha generado una lengua por la que nunca había necesitado pelearse, ya que nadie pretendía imponer denominaciones ni normas. Al contrario, fue un referente y modelo a seguir para sus vecinos, sin necesidad de hacer uso de estratagema política alguna. Todos estos hechos forman parte de la Historia. Y la historia es —debería ser— patrimonio de la Humanidad.

Cartel propagandista del CAOC, apoyado por la Generalitat de Catalunya y por tanto, por todos nosotros

3ª Respuesta
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La pregunta de si una lengua viene de otra es tendenciosa. Las lenguas no vienen unas de otras, simplemente surgen. Naturalmente, no surgen de la nada. Lo hacen dentro de un contexto determinado. En este caso, dicho contexto era el del latín vulgar, un conjunto de variantes emparentadas con influencias germano-itálicas, desde el noreste de la Península Ibérica hasta la Península Itálica, pasando por el sur de lo que hoy es Francia y que entonces era Occitania(9).

Pretender enumerar siglos después cuantos repobladores fueron de un lugar a otro, con el pretexto de erigirse como los «dueños» siglos después de que lleven caminos sino separados, sí claramente diferenciados, resulta una pretensión verdaderamente preocupante que nos recuerda a ciertos líderes políticos del Siglo XX, que buscaban en las migraciones raciales rasgos de «pureza».

La lengua no pertenece a nadie, pero si ha de hacerlo, pertenece a las personas con las que viaja, vinieran de donde vinieran. No pertenece a los lugares que dejaron atrás(10). En definitiva, el valenciano no puede «venir de» el catalán porque ni el catalán existía como algo distinto al latín vulgar —o una variante del occitano—, no era un referente cultural, ni Cataluña existía como unidad política.

Aún así, si se desea llevar al extremo esta reinterpretación histórica de la tesis catalanista por la cual los emigrantes le deben algo eternamente a la tierra de la que se fueron, tampoco resulta admisible. La lengua hablada en la Comunidad Valenciana adquiere entidad como tal una vez se desarrolla y adquiere forma en el antiguo Reino de Valencia, sirviendo incluso como modelo y referente literario en los siglos posteriores. Esta circunstancia ayudó seguramente a que la inteligibilidad permaneciera y la divergencia lingüística no excediera. Así mismo, la permanencia dentro de un mismo marco político también fue determinante para que hoy en día puedan considerase la misma lengua. En todo caso, no debería ser excusa para imponer denominaciones ni normas, salvo la que cada sociedad apruebe dentro de su marco político-social de toma de decisiones, suponiendo que estemos en una democracia.


Conclusiones
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Si después de cinco siglos de tradición es necesario hoy en día tener que dar todas estas explicaciones para mostrar algo que debería ser obvio, significa que de alguna manera, todo ese largo recorrido no se está haciendo en la dirección adecuada.

El mundo anglosajón ha aprendido a saber usar la imagen para lograr que sus objetivos sean aceptados. Por ejemplo, la explosión del acorazado Maine antes de la Guerra de Cuba se dice que fue obra de los propios EEUU. Fuera cierto o no, supieron aprovechar las circunstancias para lograr sus objetivos, que acabaron siendo los de sustituir un imperio —el español— por otro —el suyo—. Se descubra o no con el tiempo si esta estratagema fue cierta, ya es tarde.

Lo que no hace con la lengua, en este caso el nacionalismo catalanista sí apoya en el estilo anglosajón: apoya la Leyenda Negra y aprovecha todos y cada uno de los numerosos defectos de la sociedad de la España castellana, que continua satisfecha de haberse conocido, ignorante de la situación y de sus errores históricos. La sociedad valenciana, estridente y folclórica, carente de líderes o los que hay, con una imagen que deja mucho que desear, se encuentra impotente ante la situación.

Lengua y política tienen estrechos vínculos. La mayoría de dictaduras usan su poder para controlar la lengua acorde a sus objetivos nacionalistas(11). Resulta paradójico que desde una tierra en la que se rasgan las vestiduras hablando sobre libertad y exigiendo referéndums de independencia, sin embargo, limiten la capacidad de decisión de sociedades vecinas sobre algo tan aparentemente inocuo como la lengua, haciendo uso de un poder concedido en base a aprovechar los defectos del sistema político, sin pretender darles solución.

En el fondo, el conflicto lingüístico no trata de si se habla o no la misma lengua en unos territorios, sino una lucha por quien logra el control sobre ella, sea cual sea esta. Una vez se tenga autoridad para regular la lengua de un territorio, lo demás viene dado.


Bibliografía
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  • Antonio Briz GómezEl castellano en la Comunidad Valenciana. Congreso de Valladolid, 2001 <enlace> [acceso 22-01-2015]
  • Inés Fernández-Ordoñez. Contribuciones de Ramon Menéndez Pidal al estudio del catalán. En las notas se analiza la aplicación por comparación de la teoría castellanista al caso del catalán y su modelo de expansión de la lengua. <enlace> [acceso 22-01-2015]
  • Martín de Viciana. Libro de alabanças d'las lenguas hebrea, griega, latina, castellana y valenciana. [1547] <enlace> [acceso 22-01-2015]
  • Ramón de Andrés Díaz. Gramática comparada de las Lenguas Ibéricas. Taxonomía oficial. [2013] <enlace> [acceso 22-01-2015]
  • Expansión peninsular y baleárica de la Corona de Aragón. Imagen Wikipedia. <enlace> [acceso 22-01-2015]
  • El Manifest. Iniciativa por una lengua aceptada por todas las partes para el catalán-valenciano-balear. <enlace> [acceso 22-01-2015] 


Notas
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(1) Contrariamente a lo que muchos piensan, no es la Real Academia Española en Madrid, la que «manda» sobre las demás academias hispanas, sino que cada academia es independiente y se organizan a través de la Asociación de Academias de la Lengua. Es posible no obstante que de facto, haya existido una influencia política desde España. [volver al texto]
(2) La economía de la Corona de Aragón basada en el minifundio agrícola y pequeño comercio independiente, con el Mediterráneo como mercado, era sustancialmente distinta de la de Castilla, basada en el latifundio y en la importación de productos de América. Debido a esto existía una clase media burguesa y un sustrato social distinto al de Castilla. [volver al texto]
(3) La asignación de escaños se hace a «paquetes» formados por las listas de partido cerradas y bloqueadas, en una proporción marcada sin embargo por los votos recibidos a candidatos individuales por circunscripción. [volver al texto]
(4) Existe otra normativa no oficial creada por la Real Academia de Cultura Valenciana llamada «Normas del Puig», más cercano al valenciano tradicional, pero que pecan en su afán por desviarse de la oficial, exagerando localismos —las últimas revisiones han corregido algo este defecto—. [volver al texto]
(5) El significado de catalán en la edad media era con toda probabilidad distinto que el actual. Aún así, el nacionalismo catalanista utiliza a su libre albedrío el adquirido siglos después para sus intereses. Esto es llamado «falacia del historiador». [volver al texto]
(6) En la Wikipedia se basan en un estudio de  un tal Enric Ginot el cual analizando ciertos documentos dedujo que una buena parte de repobladores de los nuevos territorios de Valencia provenían del Condado de Urgel. Da la impresión como si pretendieran «dejar caer» que fueron estos pobladores los que impusieron la lengua, junto con el resto de pobladores de la Cataluña Occidental o Cataluña Nueva. Por otro lado, el Condado de Urgel —una vez se dejó de depender de los Francos para nombrar sucesores— no ha tenido dinásticamente nada que ver con el «Principado» hasta el año 1413 —casi dos siglos después de la conquista de Valencia— que se incorpora a la Corona de Aragón con la Casa de los Trastámara. Es decir, los repobladores que vinieron no tenían demasiados motivos para identificarse con Cataluña. Provenían de un condado con una dinastía independiente —la Marca de Tolosa—. El resto de repobladores de la parte occidental —Tortosa y Lérida— un siglo antes había estado ocupada por los musulmanes y repoblada durante ese periodo. En cualquier caso esta zona de Cataluña conquistada posteriormente ya era receptora de pobladores de otros lugares con un habla que no tenía que identificarse necesariamente con el catalán, es decir, que la lengua era ya importada antes de «llevarla» de nuevo a Valencia. Estas dos zonas de Cataluña —occidental y oriental— forman actualmente bloques social y culturalmente diferenciados del modelo antiguo y tradicionalmente feudal de la Cataluña Vieja. [volver al texto]
(7) Otro caso similar en la misma época es el de Italia, un conjunto de reinos y feudos independientes que de la misma manera, compartían un mismo latín vulgar dividido en diversas variantes que no llegaron a escindirse completamente gracias a la cercanía cultural y económica. Posteriormente, la formación de Italia los unificó al parecer, bajo una autoridad legítimamente aceptada por el pueblo que asimiló el cambio. [volver al texto]
(8) Es también conocido hasta cierto punto el conflicto que surgió en los inicios de la democracia con la denominación que se pretendía tomar de País Valenciá,. Finalmente no llegó a término, no obstante, los sectores de la extrema izquierda valenciana y el catalanismo continúan usando. [volver al texto]
(9) Muchas de estas variantes podrían hoy en día considerase una misma lengua —bloque occitano-romance— sino fuera porque no han permanecido dentro de un mismo contexto político que asegurara la homogeneidad, excepto en el caso de Italia, que sí se logró dicha unificación político-lingüística. [volver al texto]
(10) En función de su origen y con lo qué se identificaban, llevaron su tradición a las zonas donde se asentaron, conformando hoy en día un mapa diverso bilingüe en la Comunidad Valenciana. [volver al texto]
(11) En el gobierno totalitario de la conocida novela distópica 1984 (George Orwel, 1949), un punto clave en la obra es la neolengua. [volver al texto]


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viernes, 6 de agosto de 2010

La Prohibición

Para no engañarles, en este artículo se va a hablar de toros. Aunque no son estos los que me preocupan, es más, me importan un pimiento. Si mañana desaparecieran me daría exactamente igual. Lo que me preocupa son las prohibiciones en aspectos culturales que de momento no me afectan, pero nada como defender la libertad del vecino, para hacerlo con la propia.

Un aficionado a los toros me preguntó una vez si estos me gustaban. Yo le contesté que no, ante lo cual mi conocido quiso conocer cuales era mis motivos. Yo le expliqué: «porque no me gusta ver el sufrimiento de un animal». La otra persona se quedo pensativa, y tras unos segundos aceptó sin más que con un movimiento de cabeza mi respuesta. Esa fue toda la conversación sobre el tema. No hubo más discusión y cada uno aceptó lo que el otro pensaba sin discutir si había o no algo más. Era posible que mi conocido viera algo que yo no discernía, en todo caso, no me interesaba o no me compensaba. Este, tampoco negó que el animal en verdad sufría, aunque parecía no haber reparado en ello como algo significativo.

Lo peor de la reciente decisión del parlamento de Cataluña no es que hayan atentado contra la «fiesta nacional». Este «título», pocos de nosotros se lo hemos concedido y no representa ninguna virtud por si mismo, por lo que puede que sea este el verdadero pecado de este ritual. Lo peor, como decía, es que han permitido que la subjetividad de una minoría que se auto designan como defensores de los animales, va a repercutir en la forma de vida de mucha gente, sin que haya existido un verdadero debate alejado de posturas partidistas, creando de esta forma motivos de disputa, enfrentamiento y división entre la sociedad. Que es al parecer, lo que mejor saben hacer los políticos.

Doble moral sobre la vida y muerte del animal

Uno de los principales argumentos en contra de los toros es que al animal se le hace pasar por una fase de sufrimiento y posterior muerte. Esto es cierto, pero además de simplificar de forma obtusa un acto, no es distinto de lo que ocurre con cualquier animal de granja. Bueno, si que es distinto, ya que muchos animales de granja pasan por esa fase de sufrimiento la práctica totalidad de sus vidas, hacinados y explotados en condiciones lamentables, mientras que el Toro vive una vida de verdadero lujo en comparación, y solo en los últimos minutos de sus vidas han de devolver lo que los ganaderos no dudo que con con verdadero esmero les han entregado.

Estos defensores de los animales no mencionan para nada todo esto, centrándose únicamente en la corridas de toros, cuya desaparición lo que puede traer consigo es precisamente la extinción de esta especie. Esta doble moral me parece difícilmente sostenible.

Prueba del riesgo real que corren las personas que se enfrentan al animalTambién hay gente que compara las corridas de toros donde hay un proceso sistemático en el que una persona se enfrenta a un animal de media tonelada con cuernos, con las peleas de gallos o de perros en donde unos animales se matan a otros de forma descontrolada, en una autentica carnicería. En la comunidad Canaria, donde las corridas de toros ya habían desaparecido por la escasa afición, están prohibidas desde el año 1991, sin embargo, las peleas de gallos que son tradición allí apenas han sufrido recortes. ¿Se dan cuenta?, no se trata de la defensa de los animales, al menos el resultado conseguido no tiene nada que ver con ello, sino pura y simplemente el interés particular, partidista y electoralista de unos políticos. En Canarias seguramente ha sido el mero populismo demagógico lo que les ha movido. En Cataluña, mientras se han prohibido la corridas de toros, permanecen sin ninguna regulación el resto de fiestas que si bien no matan al animal, sucede con frecuencia que grupos descontrolados de vándalos descerebrados apalizan y torturan sin medida a los animales. ¿defensa de la dignidad de los animales?. No me lo creo.

Por otro lado, sería interesante y muy revelador averiguar cuantos de los que aplauden la prohibición de las corridas de toros son favorables por otro lado, a la legalización de las drogas, a que las menores de edad aborten sin permiso de los padres o a no prohibir el burka, por ejemplo: prohibir los dogmas de los demás, pero no los míos.

El Arte

Tortura-ni-arte-ni-cultura.jpg Tortura ni arte ni cultura image by HECTORDABEATDecía Oscar Wilde que la belleza no necesita explicación, y que solo algunos podían apreciarla como tal. Personalmente, aunque no sea capaz de apreciar toda la belleza que los defensores de la fiesta taurina aseguran que tiene, no puedo negarles esa capacidad, por retorcido que me parezca. Incluso parte del mundo anti-taurino se da cuenta de que la apreciación del arte es algo totalmente subjetivo. Por lo tanto, el argumento de que «los toros no son arte», no es válido ni tan siquiera como critica. Ni que decir tiene para justificar su prohibición. Sería igualmente revelador conocer con qué clase de manifestaciones artísticas nos iluminan estos colectivos anti-taurinos.

Segregación cultural

Aprobar prohibiciones que afectan e incluso imposibilitan el modo de vida de conciudadanos con el principal pretexto de que son «sádicos enfermizos», me parece espeluznante. Incluso siendo cierto, ya que de ser así entonces lo que deberían aprobarse son programas de educación con el ánimo de que estas personas «tan graves» pudieran salir de su «lamentable estado». Me llama la atención tanta preocupación con los animales y simultáneamente tanta desgana con sus conciudadanos. No solo no se hace nada por ellos sino que además, se les coloca al margen de la ley. No les voy a decir a qué episodio del S.XX me recuerda, en donde también se aprobaron medidas hasta cierto punto similares en parlamentos supuestamente democráticos de Europa, en las cuales determinadas personas se convertían en «enemigos de la nación».

La libertad

La libertad junto con la igualdad, son conceptos que en los últimos tiempos son sistemáticamente vapuleados y ya nadie sabe lo que significan. La libertad en la civilización humana es un artificio creado por nuestra especie como un acuerdo entre sus miembros para convivir adecuadamente. En la naturaleza no existe nada similar, por el contrario, la mayoría de especies viven sometidas a un férreo sistema de supervivencia en donde los depredadores son la casta dominante, con algunas excepciones como los Delfines. El Toro, como animal de granja, no tiene libertad por definición, o en todo caso, esta es un asunto entre esta especie y sus ganaderos humanos de los que depende su existencia. Tampoco la tendría el Hombre si no se hubiera esforzado en construirla, y como de hecho no la tiene en muchas zonas de la tierra, y como no la tienen los ciudadanos de Cataluña para elegir a los representantes que han apoyado esta prohibición con su «voto libre», solo en esta ocasión y por la gracia de sus jefes de partido. Cuando tengamos primero los ciudadanos de España esta libertad, solo entonces podremos llegar a acuerdos políticos sobre la libertad del toro que queramos construir. Mientras tanto es un asunto de los cuidadores y de los ciudadanos que deseen ver este tipo de espectáculos.

La Iniciativa Legislativa Popular (ILP)

Patética y falsa comparación entre la muerte de muchas personas de apenas 80kg de peso, con banderillas clavadas en sus espaldas, con la de un toro de casi media toneladaMe resulta sorprendente lo enormemente fácil que esta iniciativa ha sido llevada a término y aprobada, en comparación con la escasa por no decir nula, resto de iniciativas que tienen similar suerte. Parece como si en España no hubieran múltiples problemas que merezcan ser planteados en el parlamento, y que en Cataluña en concreto no tienen mayor preocupación que esta. Me alegra que la sociedad civil, normalmente adormilada y entontecida, tenga con esta iniciativa una vía para expresar sus inquietudes. Sin embargo, tengo una enorme curiosidad por conocer lo que puede ocurrir con los grupos que defienden la fiesta taurina, que digo yo que también los habrá en la segunda comunidad más importante en cuanto a espectadores, y que imagino que en estos momentos estarán preparado su ILP, ¿no? ¿o será que están más atontados? Ah, no, es que mientras estén estos políticos la propuesta sería rechazada, saquen las firmas que saquen, ya que en la Cataluña de los referéndums de independencia solo se consulta al pueblo para lo que les interesa.

La Plataforma PROU que ha llevado a cabo esta iniciativa y la ha presentado al parlamento siguiendo el procedimiento, tiene una página web excepcional de diseño profesional, y según se observa, cuenta con el apoyo de conocidos artistas catalanes. Comunicados de importantes instituciones, comentarios de premios nobel, calificaciones de «salvajada», en resumen, mucho principio de autoridad, apreciaciones subjetivas y apelaciones al sentimiento, dogmas con los que muchos de nosotros estaremos de acuerdo, pero no por ello merecen ser impuestos a nadie.

En definitiva, PROU me recuerda enormemente a aquella campaña publicitaria de la igualdad asimétrica que poco tardó en desprestigiarse y que contaba con la aparición de varios artistas de gran poder mediático, o a aquella protagonizada por artistas subvencionados llamada «de la ceja», actualmente desaparecida en vista de lo difíciles que se han puesto las cosas, y la más reciente, la de «estoloarreglamosentretodos», colmo de los colmos de la desfachatez.

La dignidad del animal

Por supuesto, todo esto no significa que haya que hacer del sufrimiento de un animal un espectáculo. En la medida que el toreo se basa en el, es condenable. Pero de su critica, al uso de la fuerza coactiva del estado para prohibirla, hay un trecho muy grande que debería ser rellenado con educación, debate, argumentos objetivos y sobre todo, la libertad «humana» mencionada. Para empezar, sería saludable que no convirtieran tampoco en espectáculo este tipo de decisiones políticas argumentadas de forma tan subjetiva y patética.

Acabando

Resulta ciertamente patético que sean los toros una de las principales características culturales que se vende como elemento identificativo de España hacia el resto del mundo. No dudo que existen intereses igualmente ilegítimos que bloquean que la sociedad Española pueda llegar a algo más que una celebración de este tipo como símbolo cultural, en la que si bien puede que sea uno de los «deportes de riesgo» más antiguos que existen, arrastra un primitivismo e involucionismo realmente desoladores.

Sin embargo, el uso de la fuerza de la ley creo que ha de ser el último recurso a utilizar, y la mejor manera de superar estas celebraciones tan discutibles y supuestamente poco constructivas, es la de sustituirlas por otras que si lo sean. Si ha de aceptarse el intervencionismo político en asuntos culturales y morales, que al menos sean constructivos, no destructivos como lo es una prohibición. Si además esta proviene de una comunidad autónoma en donde es habitual la imposición en materia lingüística y continuamente sus dirigentes reclaman cada vez una mayor independencia y privilegios, todo parece indicar que esta regulación no tiene otra función que la de alejar todo aquello que pueda identificarles con el resto de España, en busca de mayor beneficio electoralista dividiendo y creando diferenciaciones entre la sociedad. La carencia de elementos culturales identificativos españoles aceptados sin resquicios es conocida por los políticos catalanes y hacia ella han encaminado sus objetivos nacionalistas, utilizando todos los resortes de movilización social de los que disponen, de forma similar a como hacen en la Comunidad Valenciana para intentar imponer su normativa lingüística barceloní.

Creo entonces que, aunque moralmente muchos ciudadanos apoyemos esta prohibición en el fondo, es un error de forma encaminarse hacia un sistema en el que se permite establecer desde el poder poder político y minorías influyentes, los patrones culturales a los que los ciudadanos han de acogerse, exactamente igual que ocurría durante la dictadura franquista. Si ha de superarse algo es precisamente esta dependencia de una autoridad que no sufre nunca los problemas sociales y culturales que hay que solucionar, por lo que no solo no se logra, sino que acaban beneficiándose de ello.

En lugar de esto, propongo buscar un debate social actualmente bloqueado, en el que los propios defensores de la fiesta taurina hagan autocrítica, y tanto estos como los detractores, ofrezcan alternativas.

Más información:

Zamora, J. Argumentos en defensa del toreo. Serie de artículos en el blog A Bordo del Otto Neurath

Ricardo. Sobre la prohibición de los toros en Cataluña: recopilación de enlaces. En el blog Redacciones

viernes, 28 de abril de 2006

Más reflexiones sobre el valenciano y el catalán

Actualización (18/09/06): Antes de leer el siguiente artículo, es necesario aclarar los puntos expuestos aquí, sobre la relación del contenido de esta noticia con el periodico LE MONDE, que modifican ligeramente las conclusiones. Una vez advertida esta circunstancia, si lo desean, pueden continuar con el artículo.

Independientemente de la condición o no, de experto acreditado, un observador neutral, externo, puede facilitar una opinión muy importante sobre un problema. Si se trata de un medio de comunicación extranjero, con acceso a multiples fuentes de información, así como de variados expertos sobre el tema, mejor. Pues bien, según se ve en la imagen a continuación, esto es lo que pasa cuando un observador externo alejado de influencias políticas interesadas analiza el fenomeno de este problema lingüístico. En el suplemento de Valencia del diario EL MUNDO, del domingo 2 de Abril, podemos ver la opinión de su homónimo francés LE MONDE.

Si comprobamos además la definición de la entidad científica y lingüística internacional, el Instituto Ethnologe, que recoge la acepción actual en todas sus percepciones para el Catalán-Valenciano-Balear (no catalán, a secas), se puede comprobar como el llamado Catalán Escrito es una artificialidad que nadie habla:
The standard variety is a literary composite which no one speaks, based on several dialects

pero cuya variante más cercana sería el Catalán Central, o de otra forma, el dialecto de Barcelona:

Tortosin may be closer to Valencian. Central Catalan has about 90% to 95% inherent intelligibility to speakers of Valencian (R. A. Hall, Jr., 1989). Written Catalan is closest to Barcelona speech. Central Catalan has 87% lexical similarity with Italian

Además se comprueba la existencia de los dos bloques indicada en la imagen, cuya máxima similitud de un dialecto de Cataluña con el Valenciano sería el Tortosín. Igualmente, se observa como puede llegar a haber solo un 3% (8% máximo) más de inteligibilidad entre el Valenciano y Catalán Central, respecto del Italiano. Así que según esta institución científica (extranjera, claro), el Estandar Catalán que se quiere imponer, no solo lleva una denominación núnca usada prioritariamente para referirse a la lengua de los valencianos (ver nota) sino que es poco más que un idioma extranjero para estos, como lo es es Italiano. Y seguramente, aunque el Italiano fuera exactamente igual, seguiría siendo extranjero, ya que los italianos tendrían tanto derecho sobre su lengua como nosotros sobre la nuestra, cosa al parecer no entendida, por los teóricos del catalanismo.

Naturalmente el Ethnologe, como institución imparcial y objetiva, muestra las cosas como están, dada la actual situación política, sin dejar de remarcar las diferencias, variedades y denominaciones, así como que parte de los hablantes de valenciano desean una literatura separada:

Some Valencian speakers desire separate literature

¿Cuál es la realidad? Los teóricos e historiadores del pancatalanismo, efectuando revisionismo histórico, así como técnicas de construcción nacional y lingüística al modo italiano, pero de forma pretendidamente impuesta aún sin tener poder político legítimo para ello; o como la política lingüística de la Corona de Castilla (Alfonso X), que por azar de la história y del destino, convirtío el castellano que evoluciono a medida que se reconquistaba el territorio, en el Idioma Español y uno de los más hablados del mundo; desean en base a una deseada supremacia de su cultura, la suya como representante de la de la Corona de Aragón, en donde no existió esta política lingüística y que, por lo tanto, los diferentes pueblos que la componían evolucionaron con ella de forma distinta en base a su autonomía legislativa y a las diferentes migraciones y sustratos de población.

En efecto, según se comprueba en la imagen, parece que la evolución lingüística fué distinta para la Cataluña Vieja que para la Nueva, así como para el Reino de Valencia, donde alcanzó esta lengua su máximo explendor. Así que la ausencia de esa política lingüística, provoca que ahora haya de realizarse deprisa y corriendo, como se puede comprobar, con el problema para ellos que, ¿de momento?, no tienen supuestamente autoridad en la C. Valenciana.



Nota: A partir del anexo 5 del dictamen de la Academia Valenciana de la Lengua hay algunos referentes al Catalán en el Reino de Valencia, según esta institución, para referirse a la lengua de los valencianos, sin embargo la mayoría son anedóticos y el resto son de los comienzos del Nacionalismo Catalán (aparte de que no hacen referencia clara o explícita esta lengua, como la propia de los valencianos, aparte del castellano) . En cualquier caso, si se admite la existencia de una denominación cualquiera por los motivos que sean, se debe admitir también la prioridad de la denominación de Valenciano, como queda sobradamente demostrado en el resto de anexos. O igualmente, aún admitiendo en el peor caso la dualidad de denominacion para la lengua, nunca ha sido para subordinar una a la otra, reconociendo la existencia e importancia de las dos variantes.

El que la denominación no haya sido motivo de discusión o de problema en la edad media, no significa que ahora no pueda serlo, o que por diversos motivos deba llegarse a una solución, la cuál, es clara para los valencianos y para su lengua.(volver dentro del texto)

viernes, 13 de enero de 2006

Incongruencias

Declaraciones de don Alfredo Pérez Rubalcaba en relación a la manifestación convocada por el PP en favor de la constitución:

don Alfredo Pérez Rubalcaba

No hay nada más contrario al espíritu constitucional que hacer una manifestación en la capital de España contra una parte de España, y eso es lo que es, que nadie se llame a engaño

Si, es cierto, es contrario al espíritu constitucional el convocar una manifestación contra una de las regiones españolas. Ahora bien, admitiendo que la discrepancia con la propuesta de estatuto de Cataluña es el origen o motivo de la convocatoria, el acto era a favor de la constitución, tal y como se ha anunciado claramente. Por lo tanto:
  1. Si el estatuto es favorable a esta, nadie debería preocuparse ya que entonces, la manifestación no está en contra del estatuto, obviamente.
  2. Si el estuto está en contra de la constitución, entonces lógicamente la convocatoria estaría en contra del estatuto, pero no de Cataluña, ya que en función de las normas de cultura democrática, la discrepancia en las ideas y posturas políticas es necesaria para que exista un debate civilizado que favorezca el reequilibrio político, sin que ello implique un ataque a la persona o comunidad, en sí misma. Es decir, el resultado en las urnas es vinculante para un cambio de gobierno, pero no para callar a la oposición, la cual tiene la obligación seguir cumpliendo su función, dentro de la oposición leal. El criticar a esta por realizar su cometido es realmente el atentado contra la democracia. Conviene indicar que las protestas realizadas, sea por ataque al estatuto o a Cataluña, demuestran que se admite que el estatuto es inconstitucional.
Así que no se ve por ninguna parte que el acto en defensa de la constitución esté en contra de Cataluña. Al parecer suponen que es así por que es el PP el que lo convoca, cuyo único motivo conocido es el que están en contra del estatuto, no de Cataluña, como se ha explicado, aun que así lo crea el sr. Pérez Rubalcaba. Podría ser que este supiera algo más, pero como no nos da ningún dato adicional, lo que dice de que «nadie se llame a engaño», es otra afirmación gratuita más.

Según dijo, la convocatoria del PP "va contra lo más profundo del sentido constitucional", que a su juicio es "el reconocimiento como una España plural y el respeto al pluralismo, tanto político como cultural, lingüístico y territorial. Por tanto, el título (de la manifestación) me parece muy contradictorio", agregó

Nadie ha discutido esto. Si le parece contradictorio, desde esta bitácora podemos darle la solución que no encuentra, por que se le ha pasado por alto un detalle: que el estatuto sea inconstitucional. Si se añade este elemento a la ecuación, encaja todo perfectamente.

Más allá de las disputas políticas, nos tenemos que entender -comentó-. Yo no guardo rencor a nadie y menos a aquellos con los que vivo diariamente

Esto si que es una incongruencia, que con esta forma de analizar las cosas tenga como intención entenderse con alguien.

¿Cuál es la realidad?
En primer lugar, y por el hecho de que una manifestación o acto a favor de la constitución sea el único motivo para que suponga una afrenta para algunos y para el estatuto, es que este último está en contra de la constitución y es conocido sin pudor por esos mismos que han manifestado su posición contraria al acto.

En segundo lugar, pues que el Sr. Pérez Rubalcaba a pesar de su formación académica, su cargo y su experiencia política, no sabe encontrar respuesta a este tipo de incongruencias lógicas y parece desconocer el funcionamiento de la democracia en un estado de derecho.

Por esta circustancia, su cargo en el actual gobierno y las funciones que debe desempeñar, serían discutibles, al menos. Puede que en publicaciones posteriores se analicen las implicaciones de que todo esto, respecto a su cargo y funciones en el partido y en el gobierno actual, sean conocidas y aceptadas por el resto del mismo y su dirección.

Por último, existe una transmisión a los ciudadanos, tal vez intencionada, de esta forma de adopción de posturas rígidas y antidemocráticas, confundiendo conceptos y alterando la convivencia.

Esta entrada sustituye a otra anterior, en la que no se hacía referencia a las recientes aportaciones a la bitacóra de definiciones de conceptos, con la intención de mostrar más eficazmente lo explicado. (12/03/06) -> Actualización

miércoles, 19 de octubre de 2005

Las falacias de Zapatero

En relación a las declaraciones en el senado del actual presidente del gobierno de todos los españoles.

El presidente del Gobierno de España, en una de sus intervenciones en el Congreso de los Diputados

Zapatero ha subrayado que hay que reconocer la existencia de sentimientos identitarios diversos entre los españoles, y ha dicho que la grandeza de la convivencia es saber integrarlos y respetar los sentimientos profundos de una Comunidad por su historia, su cultura o su lengua. «Eso cabe en la Constitución», ha dicho Zapatero, quien ha añadido que es posible una denominación de Cataluña respetuosa con su «fuerte identidad» y con el artículo 2 de la Constitución, «tanto en su letra como en su espíritu».

Efectivamente, no solo cabe en la constitución, sino que ya están recogidos todos estos preceptos. De cualquier forma, la constitución debe garantizar la libre expresión y auto-identificación de los ciudadanos y al mismo tiempo, garantizar igualmente que este derecho de unos no afecte a los del resto de los ciudadanos. Esto implica necesariamente la creación de una norma común y consensuada, así como las posteriores modificaciones que se apliquen a la misma, esta es, la Constitución Española de 1978(1).

Habría que añadir que un sentimiento de «fuerte identidad» no es condición suficiente para que al resto les parezca igual. Por ejemplo, por más que yo me identifique fuertemente con Napoleón Bonaparte, es complicado que los demás me vean como el (¡quien sabe!) y lo que es inaceptable es que pretenda imponer a los demás no solo como me tienen que ver, sino que además, como se tienen que ver a si mismos.

Continuando con esto, y en mi opinión, también existen otras comunidades con un fuerte sentimiento de autoidentificación, histórica, cultural, literaria, idiomática, geográfica, económica, etc. reconocida y palpable (a pesar de todo) como la Comunidad Valenciana, y que no necesitan obligar a los demás a verlos de una determinada forma y en donde conviven desde hace siglos varias culturas en relativa armonía (a veces lógicamente alterada).

Para Zapatero, hay que rechazar «la verdad incuestionable de una posición» y hay que «transigir con la verdad» y llegar a un acuerdo de convivencia entre las diversas identidades. El presidente del Gobierno se ha mostrado convencido de que el entendimiento se va a abrir paso porque los españoles confían en sí mismos, saben cómo hacer las reformas y «cómo olvidar a aquellos que a cada reforma anuncian una catástrofe».

Nos dice claramente que debemos aceptar, «transigir» con lo que nos digan los políticos catalanes, sea lo que sea lo que nos pretendan imponer. Luego emplea la falsa adulación apelando a nuestro orgullo y relacionado nuestra magnificencia con la de aceptar sin rechistar los que nos dicen (esta situación aparece mucho en las películas, cuando el malo le dice al bueno «se inteligente y acepta mis condiciones»).

La última afirmación es una afirmación gratuita, ya que independientemente de si entra o no en la labor de la oposición el criticar las acciones del gobierno, en ningún momento niega que sea alguna catástrofe esta reforma o da argumentos para que no lo pensemos, simplemente viene a decir que no nos asustemos, que confiemos en el, sin más.

ha recordado la actitud del PP ante la ley que permite el matrimonio entre homosexuales y ha lamentado que ese partido se haya caracterizado por el «inmovilismo y el conservadurismo» y no haya sabido ver nunca las reformas que España «sabe y puede hacer, como va a hacer ahora -ha asegurado- con el Estatut de Cataluña».

Más de lo mismo. Y ahora lo relaciona con otra discusión sin entrar una vez más, en si estaban justificadas o no aquellas o estas protestas o sin justificar sus propias decisiones. Se confunde la parte con el todo y se generaliza de forma grosera: cómo tu protestaste entonces y ahora también, pues protestas siempre, sin atender a los motivos de la protesta, en realidad, despreciandolos.

El jefe del Gobierno ha lamentado que el hecho de que no descalifique ni insulte, e intente un debate «razonado y razonable» haya sido interpretado momentos antes por García Escudero como «divagar» sobre el Estatut.

Seguimos igual. El Presidente fabrica el mismo los motivos de García Escudero para la crítica hacia sus palabras, y considera que además de la descalificación y el insulto no hay más discurso posible que el suyo. En ningún momento refuta las palabras de G. Escudero, simplemente las rechaza.

Zapatero: «Mi posición es la que permitirá históricamente las mejores fórmulas de convivencia»

Lo que si se puede afirmar de que es histórico en un país democrático, es lo relacionado con la propuesta de estatuto de Cataluña, tanto por su contenido como por su forma de tramitación. Sigue sin decirnos cómo va a lograr lo que pretende y sobre todo, afirma algo que no se puede saber hasta que pase el suficiente tiempo. La afirmación visionaria de lo que yo haré pasará a la historia es propio de determinados personajes que al final acabaron pasando a la historia pero no de la forma que creían, sino por las fatales consecuencias de lo que hicieron o dejaron hacer.

En democracia, le advirtió, la verdad de cada uno no puede ser el punto de llegada, sino sólo el de partida, que debe conducir a un acuerdo «sobre el sentimiento de identidad y sobre las fórmulas de convivencia que en democracia tenemos que garantizar para todos».

Otra variante de un punto anterior. Según Zapatero, cada entidad puede tener la verdad que sea, es decir, cualquiera, sin restricciones. Y que necesariamente el resto ha de sacrificar parte de la suya sin discutir cuál es mejor o si alguna de las posiciones está equivocada o resulta incompatible con la otra, lo que forzaría a descartar una de ellas. Es decir, si se quiere un punto de partida, este también ha de ser acordado, no es simplemente que cualquiera puede adoptar la postura de salida que sea. Ese punto de partida existe y se llama Constitución Española de 1978(2).

Hacerlo, ha dicho, es cuestión de «voluntad» y de «tener visión histórica» porque, según ha alegado, «no estamos en un terreno de la verdad científica».

Otra vez la Historia. Además, mete el dedo en la llaga al mostrar que la ciencia está reñida con el comportamiento humano. Alguien tendrá que recordarle lo que son las Ciencias Sociales. Si yo tengo un fuerte sentimiento de identidad con La Federación de Planetas Galáctico-Valencianos, y tengo que obligar a los demás a que se amolden en cierta medida a esto, me imagino que alguna persona tendrá algún argumento sólido para hacerme cambiar de opinión. Precisamente porqué no estamos en el terreno de la «verdad científica» (una contradicción, ya que la ciencia no pretende ser el «garante» de la verdad», sino tan solo avanzar en el conocimiento descartando continuamente cosas que «eran» verdad y dejaron de serlo) las decisiones han de ser acordadas por todas las partes.

Puede parecer exagerado, pero no mucho más que la de alguien que pretende decirme que cualquier postura de cualquier «entidad» es igual de sostenible. Parece que es más acertado el decir que cualquier postura tiene derecho a ser defendida por alguien, pero sin que exista o sin que debiera existir la obligación a ser admitida ni en todo ni en parte por el resto, si no merece serlo. En definitiva, sale a relucir de que se trata únicamente de una cuestión «de fuerza», sin pretender el dialogo, ni el debate, ni el acuerdo.

¿Cuál es la realidad? Pues parece que nuestro presidente pretende de que le sigamos a ciegas, de que confiemos en el sin necesidad de que nos justifique sus acciones, que nos profetiza los efectos de sus (fórmulas «mágicas») acciones o mandatos, que su palabra es la única verdad...

¡¡¡que alguien me diga que estoy equivocado, por favor!!!

Fuentes:
Artículo en «El País»
Artículo en «El Mundo»

Actualización 26/02/2010
(1) En aquel momento mi idea de la Constitución de 1978 era mucho más positiva que la de ahora, no obstante la idea se mantiene: la ley vigente es la que es, sea buena o mala, y cumple la función que comenta.
(2) ídem: La constitución de 1978 es o fue, un punto de partida. No se pretendía ni ahora ni en aquel entonces defender la bondad de dicha constitución, sino que si hay que cambiarla, es decir, si se necesita otro punto de partida, deberá serlo acordado por la sociedad civil y no como consecuencia de un acuerdo político entre partidos nacionales y autonómicos.