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jueves, 18 de septiembre de 2014

Seis puntos sobre la crisis bancaria

Los bancos siguen desempeñando un papel en el sistema, sin que por el momento, haya un sustituto
Se ha hablado mucho sobre crisis, rescates bancarios y deuda publica. Todo el mundo dice tenerlo claro, pero se dan soluciones dispares. Mientras tanto, los ciudadanos tenemos que seguir funcionando. Sabedores de la preocupación de la sociedad, algunos bancos ofrecen como valor añadido el trato personalizado al cliente y muestran sus opiniones, como el Banco Mediolanum. Pero continua existiendo confusión.

Sectores muy relacionados con el mundo económico han criticado duramente el enorme gasto publico que España estaba acumulando y señalan como prioridad la necesidad de su reducción. Por otro lado, sectores más críticos con el capitalismo replican señalando que dicho gasto era debido a los rescates bancarios. Pero de nuevo, el sector afín al mercado acude rápido a señalar un dato importante: el rescate no ha sido a la banca privada, sino a entidades controladas por políticos, como Cajas de Ahorros y filiales bancarias. No se trataría entonces de «auténticos» bancos privados.

En lo único en lo que parece que hay cierto acuerdo es en que se ha gastado dinero público en asuntos «indebidos». Sin embargo, en cuanto se ha de concretar qué es y qué no es lo indebido, o señalar a los responsables y aportar soluciones, la empanada mental es impresionante.

Agitando los mismos hechos con la mano, ambos sectores reclaman sin embargo medidas contrapuestas, a cada cual más radicales: por un lado se piden nacionalizaciones de aquellas entidades a las que se ha rescatado, y por otro, la prohibición de entidades bancarias publicas —como cajas de ahorro— debido al descontrol que han supuesto. Sin embargo, si nos apartamos de posturas dogmáticas la situación tiene otro aspecto:
  1. Tal vez llamar «banqueros» a directores ejecutivos de entidades financieras semi-públicas puestos a dedo por políticos sea excesivo, pero en cualquier caso, lo verdaderamente importante y en lo que parece que hay cierto acuerdo es que los políticos han tomado decisiones incorrectas, antes, durante y tras los comienzos de los desplomes financieros.
  2. El déficit público se debe en su mayor parte a dichos rescates. Da igual que hayan sido a entidades públicas que privadas. La cuestión es que no se ha debido a un gasto excesivo en educación, ni en sanidad, ni en desarrollo, ni en investigación.
  3. El dilema no consiste únicamente en si se nacionaliza o se rescata con dinero público un banco quebrado. El problema es si esta pretensión no se acompaña de otra de cambio fundamental en las instituciones democráticas que afecte al sistema de representación y control de los políticos que los manejarían. Desde el 15M, ambas exigencias suelen ir acompañadas. Por tanto, es absurdo prohibir las nacionalizaciones con la excusa de que «los políticos son malos». Lo que hay que hacer es ponerles límite.
  4. La principal diferencia entre un banquero y un político —o alguien que depende de ellos— es que el primero tiene su negocio en riesgo. El segundo no arriesga prácticamente nada, al menos en España. Pero precisamente por esta impunidad y prepotencia política, la sospecha de acuerdos poco transparentes entre el poder político y la banca privada se hace demasiado insoportable como para no tratarlos con cuidado.
  5. No se puede meter en el mismo saco a los bancos de EEUU junto con los de España. Sin entrar en lo que sería un largo debate sobre los pros y los contras del sistema norteamericano, la cuestión es que la situación es completamente distinta a la de España. Para empezar, los bancos de EEUU que han estado implicados en las causas de la crisis son entidades de servicios financieros. Esto es, de especulación pura y dura, negocio que apenas existe en España —por lo menos reconocido—. En este país donde el poder judicial apenas se diferencia del político y en donde se permiten instituciones como las SICAV, que sólo benefician a las grandes fortunas mientras el ciudadano es sacudido a impuestos, no hacen falta. Ya se especula suficiente con la confianza de los ciudadanos.
  6. Esta excesiva inocencia o confianza en el sistema político por parte de la sociedad, es la que nos hace a todos culpables de la actual situación, aunque sea por pasividad. Pero que seamos culpables, no es lo mismo que ser responsables. Lo son los que ocupan cargos que se supone existen para evitarnos estas situaciones, o que manejan una información privilegiada que han utilizado exclusivamente en su favor.
    Un consejo: a la hora de tomar decisiones o de valorar, la situación, no nos dejemos influir por la pelea de gallos en la que se ha convertido este asunto, como con tanta frecuencia suele ocurrir en la polarizada sociedad española.

    Enlaces:

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    miércoles, 26 de septiembre de 2012

    La crísis como síntoma de un mal antiguo

    La sociedad se enfrenta constantemente a su autoorganización¿Qué es peor de la crisis, ella en sí misma, o que la están padeciendo los más débiles en lugar de los más ricos y poderosos?. Hay algunas opiniones que piensan que esta situación por la cuál las diferencias entre clases se están acentuando responde a motivos ideológicos. Un resurgir del tradicional paradigma de la izquierda de «lucha de clases», que tanto entusiasma al sindicalismo en España. 

    Este concepto asume de origen unas diferencias en la sociedad debido a las cuales esta se divide en clases. Y postula que estas están por naturaleza, enfrentadas. Nunca me ha gustado esta idea. Puede que fuera cierta en épocas pretéritas, pero el mundo moderno se ha caracterizado por la búsqueda de la igualdad de oportunidad, de forma que siendo cualquiera que fuera la clase en la que uno nace, está en su mano la oportunidad para cambiar su estatus. La igualdad ha de consistir por parte de los Estados modernos, en proveer a las «clases» más desfavorecidas de los medios que otras clases disponen para lograr sus fines (becas, subvenciones, etc). Naturalmente, estas ayudas con fondos públicos han de someterse a algún tipo de auditoría, ya que de otra forma pueden utilizarse como pretexto para otros fines (electoralistas, políticos, particulares, demagógicos, populistas, etc). En definitiva, para no extendernos, se trata de lograr que las clases no necesiten enfrentarse entre si, que la sociedad pueda entenderse como un todo, y que las diferencias por nacimiento puedan ser mitigadas, pero siempre y cuando el afectado así lo desee. La «lucha de clases» y quien defiende su existencia,  se alimentan de lo contrario, de mantener en constante enfrentamiento a la sociedad por haber nacido en entornos distintos. Una idea que me parece abominable de ser así.

    Ahora bien, ¿se ha conseguido esa igualdad de oportunidad? Durante un tiempo a muchos de nosotros nos ha parecido que si. Si comparamos los medios con los que cuenta la sociedad desde sus más bajos estamentos con los de otras épocas, podemos pensar que así es. Sin embargo, si observamos más detenidamente se puede ver como lo que ha aumentado es el nivel general, manteniéndose las diferencias prácticamente intactas. Por añadidura, el aumento de este nivel general ha sido a costa de aumentar las diferencias con otros países, o incluso sumirlos en el caos y la guerra para obtener sus productos. 

    En Europa, las antiguas divisiones de clases se fueron suavizando gracias a diferentes revoluciones sociales, pero nunca se logró completamente el obejtivo. Más bien, los ánimos se lograron calmar trasladando el problema a otra parte, fuera de nuestras fronteras. En los EUA se logró partir de un estatus inicial de la sociedad mucho más igualitario, sin embargo, los poderes económicos que han surgido allí y que han llegado a dominar el mundo, han creado otra clase aristocrática tan absolutista y dictatorial como las que habían en el viejo continente.

    Por tanto, no es que la lucha de clases cobre de nuevo sentido debido a que las clases dirigentes deseen retomarla y empobrecer a la sociedad, por motivos ideológicos. Lo creo por dos razones, además de lo mencionado:

    Primero, a estas alturas la ideología no es más que una herramienta para contentar a las hordas de fanáticos que siguen incondicionalmente a los grupos políticos mayoritarios. En ultima instancia es simplemente el deseo de poder y dinero, independientemente del partido o «poder fáctico» que sea, los que motivan sus actos.

    Y segundo, cualquier sistema, incluidas las dictaduras, sabe que la clase media es un valor indispensable si no se desea hundir definitivamente al país, con ellos detrás. La clase media ha sido y es, el objetivo a «exprimir» u «ordeñar», pero no aniquilar.

    ¿A qúe obedece entonces este emprobrecimiento que está afectando a las clases más desfavorecidas?:

    Creo que simplemente, los recursos no son los mismos que antes, debido a que la población ha aumentado y nos hemos hecho más dependientes de la energía. Más cómodos. 

    Consumo indiscriminado de recursos de una sociedad que no sabe ponerse límitesMientras tanto, se ha vivido aceptablemente, engañados a base de mejorar artificialmente el nivel de las clases bajas, o incluso, de dejar entrar a ciertos grupos influyentes en las clases dirigentes para que formaran parte de ellas. Pero se han ignorado los problemas que habían de fondo. Problemas de control de las élites, de control de los políticos, de control de la economía y sobre todo, de obtención de recursos con los que contentar a una sociedad cada vez más acomodada y que exige más. No se ha hecho nada por solucionar todo esto, y ahora que el sistema empieza a hacer agua, no esperemos que sea afrontada por todos por igual. La élites políticas y financieras que nos habían tenido la boca tapada con demagogia, subvenciones o canales de tv, que ya nos tienen donde ellos querían, acomodados y vendidos al sistema, nos lo hacen pagar. 

    En resumen, el problema de ahora no es nuevo, es el de siempre, que es la ausencia de democracia. Pero una democracia que exija cierto esfuerzo a la sociedad, que se ponga límites, no la que se alimenta de demagogia. Y ahora que el sistema se hunde, son los de abajo los que pagan. Ahora se evidencia el síntoma, pero el mal es antiguo.

    domingo, 17 de junio de 2012

    La otra cara de la crisis

    Burbuja de ladrillos
    (Burbuja de ladrillos)
    ¿Era similar la situación en cada país antes de la crisis? En función de esta premisa, ¿en qué medida la crisis ha afectado por igual a cada uno de ellos?. A pesar de la creación de la Unión Europea, lo cierto es que ésta tan sólo se ha materializado en una unión monetaria que dejó al libre albedrío de cada país, cómo gestionar los fondos de cohesión que recibía.
     
    Debido a esto y a las peculiares características y costumbres de cada país, muchos de estos fondos no se han destinado a mejorar la capacidad industrial ni la productividad, más bien han ido a parar a la creación de unas infraestructuras de comunicaciones que permitieran de forma fluida el libre comercio con los países productores como Alemania, y que además sus bonitos coches pudieran circular adecuadamente por las playas del mediterráneo.

    Si nos remontamos a la entrada en el €, muchos podremos recordar la fiebre de inversiones que se sucedieron para realizar presuntamente blanqueos de capital. Todo el dinero negro que había en pesetas se podía perder con la llegada de la nueva moneda comunitaria. Una de estas inversiones fue principalmente la de bienes inmuebles: así empezó la burbuja inmobiliaria española.

    Claro, este dinero había que recuperarlo. Esto explicaría los aumentos del 50% del precio de la vivienda, que de un año para otro se convirtieron en habituales. Se inició así una carrera de crecimiento ficticio que todos ya conocemos: el paro disminuyó, la inmigración aumentó, los créditos se concedían indiscriminadamente, el consumo se disparó. Unos ganaron mucho dinero, otros creyeron que eran ricos, sin serlo en absoluto. El Estado tenía dinero para todos: subvenciones a «grupos culturales», sanidad «gratuita», privilegios para los cargos públicos y sus amigos, 400 € por el morro, miles de representantes laborales liberados, etc. «España iba bien», la demagogia funcionaba a las mil maravillas, el dinero «fácil» huía a los paraísos fiscales a toda velocidad mientras los políticos miraban para otro lado. Ganó Zapatero, nos fuimos de Irak y por fin daba gusto ser español. Lástima que durase poco.
     
    La crisis crediticia en los EUA acabó con todo esto, en la medida los bancos y entidades financieras europeas habían invertido ciega e incongruentemente en productos financieros de aquel país. Y en España nos afecta de forma diferente al resto, ya que no sólo no se ha desarrollado ningún modelo productivo alternativo, sino que la base del crecimiento ha sido una mentira que nos hacía creer que sólo por tener una mal llamada democracia, nos hacía más listos, más altos, y más guapos. El crecimiento sólo lo ha sido de población, de una que ahora va a tener que emigrar. La sociedad continúa más que nunca pendiente del fútbol o de los programas de cotilleo; la educación no ha hecho más que empeorar; la ciencia, la investigación y el desarrollo tecnológico han sido ridículos. ¿Hay alguna forma de continuar como funcionábamos hasta ahora?, yo no la veo por ninguna parte.
     
    ¿Es la austeridad una solución? Desde luego que mejor que el despilfarro habitual hasta ahora sí. Sin embargo, aunque podrá ayudar a rescatar a los bancos, aplicada sistemáticamente y en ámbitos como educación o investigación, es totalmente perjudicial para mirar el futuro con garantías. Y no es lo adecuado para reactivar la economía ni reducir el paro.

    Hay quien dice que hay suficiente dinero para paliar la crisis sin recurrir a estos métodos socialmente traumáticos: que si los clubes de fútbol pagaran sus deudas, que si metieran a políticos y banqueros en la cárcel y devolvieran el dinero enviado a paraísos fiscales, etc. Es cierto. Desde luego que tendrían que pagar todos los culpables antes que los ciudadanos, pero esa cuestión está hoy en día muy complicada. Pero sobre todo, es demasiado tarde para plantearla.
     
    No nos sorprendamos ahora si se crean fondos de rescate, se reducen las subvenciones y se instaura el copago. Nunca hemos hecho nada para tener un sistema político que nos permita decidir en estos asuntos. La sociedad española lleva conformándose con lo que le dan los políticos de uno u otro color durante 30 años. Ahora en cuatro días no se va a solucionar esto, y además, el partido actual ganó con mayoría absoluta, gracias a la propia sociedad. Es lo que hay, y lo que ha habido siempre: desigualdad, pelotazos, enchufismo y mamoneo.
     
    La cuestión es: suponiendo el caso hipotético de que pagaran todos los culpables, devolvieran el dinero, se perdonara la deuda, se expropiaran viviendas y se alquilaran con precios asumibles, etc., etc., ¿qué hacíamos después? ¿cuanto podríamos aguantar con esa situación? Es decir, estas medidas solucionarían la crisis social actual, pero en cualquier caso ya no podríamos continuar con el modelo productivo que se tenía, ni llevar el mismo nivel de vida que hasta ahora. Por tanto, el  verdadero problema de la crisis es que nos está obligando a mirarnos al espejo cómo país. Nos fuerza a retrotraernos a niveles de los años 70, los de la España de «Sol y Playa», caciquil y atrasada, que no creo que nos guste a la mayoría.

    Por tanto, tampoco le encuentro mucho sentido que algunos grupos tan sólo se paren en la superficie, se limiten a la protesta, a reivindicar más demagogia y no planteen el verdadero problema de fondo, que es el de encontrar un camino alternativo a través de reformas profundas necesarias, no sólo a los políticos, si no sobre todo a nosotros mismos como sociedad civil, para no pasar por estos o similares errores de nuevo.

    Mas información: enlaces sobre la crisis

    sábado, 16 de junio de 2012

    La crisis del disparate

    Con todo esto de la crisis actual y sus recortes para poder satisfacer la deuda «del Estado», parece que no nos acordamos que todo empezó con aquello de la crisis «del crédito» o de las hipotecas subprime. No sería de extrañar que todo fuera un desvío de atención por parte de los grandes medios para una vez más, enfocar nuestra atención fuera de los verdaderos problemas.

    Al parecer, pese a las alarmantes voces neoliberales que señalaban el despilfarro del Estado como el problema,  el reciente rescate al sistema financiero Español viene a demostrar cuál era su auténtico origen. El que en la legislatura anterior calificaban como el «sistema bancario más fuerte del Mundo» ha acabado desplomándose, en otra clara "zapaterización" de la realidad que imita a marchas forzadas el actual presidente del gobierno.

    Sin ánimo de sumergirse en aburridas y técnicas cuestiones económicas, el problema se podría resumir de forma muy breve de la siguiente manera: el origen de la deuda de un país puede ser pública (la contraida por el Estado) o privada (por entidades privadas). Y esta deuda puede ser interna o externa. La que está causando la crisis actual (y al decir actual es la de los últimos meses, o semanas), es la deuda del Estado o deuda pública. De ahí las voces alarmistas que aclaman una reducción del gasto público. Pero lo que ignoran de forma bochornosa estas voces es que gran parte de esa deuda pública ha sido contraida debido a las inyecciones de capital para los rescates bancarios, como viene sucediendo desde la creación del FROB, con Zapatero de presidente. La deuda pública es debida en gran parte a satisfacer la deuda privada. En este sentido encuentro incomprensible que desde los representantes de algunos grupos defiendan un «recorte profundo, radical y veloz del gasto público». Un poco exagerado, ¿no?

    Está claro que el gasto público en asuntos como el patético «Plan E», no han servido para nada. Y está claro que es admisible criticar muchos aspectos de cómo funcionan la sanidad pública o el gasto en educación, pero lo cierto es que aunque pudieran considerarse como un problema, no son las causantes de la crisis. Y en todo caso, también habría que considerar otros aspectos como los gastos de los cargos publicos en sueldos, coches y todo un sin fin de privilegios que aunque tampoco son causa de la crisis, pueden y deben ser, objeto de crítica. Y esto sin hablar de la corrupción, que merece un trato aparte.

    Y el problema de la deuda privada no es por su tamaño, si no por la capacidad de líquidez o capacidad para satisfacerla dentro de los plazos. Esto significa que aunque un país como Alemania tenga una mayor deuda, tiene sin embargo una mayor capacidad para devolverla. Esto es, es más productivo. Esto significa que su PIB (producto interior bruto) es mayor, y posee por tanto una mayor capacidad de autofinanciación como país.

    Las formas por las que un Estado puede financiarse y saldar dicha deuda son básicamente (fuente: Wikipedia):
    1. Impuestos y otros recursos ordinarios (precios públicos, transferencias recibidas, tasas, etc.).
    2. Creación de dinero, mediante un proceso de expansión monetaria.
    3. Emisión de deuda pública.
    La emisión de deuda pública en forma de bonos, letras y productos de este tipo, no está teniendo mucho éxito debido a la falta de confianza e interés de los inversores. La creación de dinero se ha de descartar, ya que con la unión monetaria esto no es posible (por este motivo se está llegando a hablar de la salida del € de paises como Grecia), salvo que como ha ocurrido, la propia Unión Europea se haga cargo de la cuestión bajo una serie de condiciones. El problema es que la única sálida que les queda a estas contrapartidas para poder exigir la devolución de la deuda es la nº1, o sea, la financiacion a costa de los ciudadanos, en la que no podemos esperar que nuestros representantes políticos aporten mucho de su propio trabajo.

    Por tanto, para que nuestras empresas tanto públicas como privadas sean más productivas y podamos tener una mayor capacidad de devolución sin necesariamente tenerlo que coger de sueldos o impuestos, lo necesario es una mayor inversión en investigación y tecnología, así como en educación, justo lo contrario que se está haciendo o que se va a hacer, que son recortes en I+D+I y bajar los sueldos a los trabajadores (aunque bien es cierto que esto es un plan a largo plazo).

    En definitiva, para que el Estado pueda devolver una deuda de la que no es causa, ha de recurrir a los que se supone que somos sus soberanos (de ahí lo de deuda soberana), aunque carecemos de dicha capacidad para tomar decisión alguna, salvo en la de elegir a los que ahora toman estas medidas, controlados por la Unión Europea. Un auténtico disparate.

    Mas información: enlaces sobre la crisis

    lunes, 4 de junio de 2012

    Recordando los inicios de la crisis

    Euros¿Es la deuda la causa de la crisis o es esta la que ha causado el déficit público?.   Para refrescar la memoria y no aburrir demasiado, en el vídeo al final del artículo, John Bird and John Fortune nos lo explicaban de una manera muy sencilla y amena hace ya cuatro años.

    Por resumir, todo empezó cuando Alan Greenspan (presidente de la Reserva Federal o FED) decidió, sin que nadie le preguntara, limitar los intereses que los bancos podían cobrar por sus préstamos. Dicen que era por preocuparse de la gente sin ingresos, para que no tuviera que verse ahogada por préstamos a un gran interés.
     
    El resultado, que nadie se preocupó en comprobar, limitar, ni regular (ni políticos, ni el FED), es que los Bancos y todo el tinglado de alrededor (agencias de valoración, etc), se buscaron la vida para mantener los ingresos (como la mayoría de nosotros hubiera hecho, todo hay que decirlo). El problema es que traspasaron cierto límite ético a la hora de llevar adelante las «habituales» practicas comerciales. Especularon, y no contentos con ello, mintieron, manipularon, estafaron y engañaron, vendiendo sin cuidado ni miramiento productos que no valían ni una décima parte de lo que aparentaban, a inocentes, ignorantes y por qué no vamos a decirlo, estúpidos ciudadanos. O simplemente, ciudadanos que pensaban que las leyes e instituciones estaban para protegerles.
     
    Esto fue en los EUA. En Europa, con un sistema económico aún más compactado e indistinguible del poder político que al otro lado del océano, fue todo mucho más sencillo. A pesar de la jactancia de algunos sectores que critican la ausencia de intervención en la economía de los EUA, y se les llena la boca del sistema «de bienestar» europeo, en este continente sus políticos, completamente conchabados con el sistema financiero, carentes de iniciativa y de legitimidad, habían mirado hacía otro lado mientras se imitaban uno por uno los pasos que desde la otra orilla les decían. Nada les impedía haberlo evitado, pero no lo hicieron porque seguramente participan de ello. Un delito aún peor que el de los bancos.

    jueves, 3 de marzo de 2011

    Tarifa Plana de Velocidad... en carreteras

    Ante todos los problemas y carencias de la sociedad, lo mejor que se le ocurre al Gobierno es bajar el límite de velocidad en las carreteras, con el pretexto de que ahorremos gasolina. Si decidimos no hacerlo, nos multaran con mayor cantidad. Es decir, que si no ahorramos en gasolina, encima de no hacerlo, nos harán pagar más. No puedo evitar que me resulte paradójico, además que dudar de la eficacia de la medida.

    Si no estoy mal informado, se va a mantener la velocidad a la cual se disparan los sistemas de radar (unos 135 km/h, igual que antes). Esto significa que podrás ir exactamente a la misma velocidad, 120 km/h, pero únicamente si infringes los límites como pudieras hacer anteriormente al superar los 135 km/h, la multa será más abultada. La verdad, no veo el ahorro de gasolina por ninguna parte, pero si un incremento encubierto de la cuantía de las multas, estupendamente maquillado con el pretexto por del ahorro por obligación. Desde Franco, la obediencia es una cualidad que sigue siendo bien valorada por encima de otras.

    Si se pagaban las multas dentro de plazo, podía salirte todo por unos 50€ o 60€, si excedías unos 20 km/h del máximo de 120 km/h. Parece ser que con el nuevo límite, podrán ser 70€ u 80€. Digo yo, que puestos a establecer límites arbitrarios decididos por políticos y ya que parece que la verdadera intención es aumentar la cuantía de las multas y tenernos entretenidos, creo que en lugar de confundir al personal lo mejor es abiertamente es crear un novedoso sistema de utilización de las carreteras: la Tarifa Plana de Velocidad.

    ¿Quiere ir usted a 120km/h, como antes? no hay problema, domicilia usted con la DGT de beneficiaria un importe de por ejemplo, 15€ por mes, y ya está, no más multas sorpresa ni explicaciones. Solucionado. ¿Que no desea pagar nada?, tendrá la versión 90 km/h, la más económica, con tranquilidad, especial para jubilados, sobre todo ahora que con 67 años y una larga vida laboral, la cosa no estará para andarse con mucha excitación. ¿Que es usted una persona pudiente, con un coche estupendo, potente y seguro, pero no tiene amigos en el gobierno?, tenemos la mejor opción para su caso, la Tarifa Premium: con 50€ al mes podrá ir a la velocidad que le de la gana. Todo un símbolo de poderío, que será la comidilla y envídia de sus vecinos.

    ¿Una broma?, lo sería si la realidad fuera algo mejor.

    Actualización (del mismo día): según noticia de ayer al última hora, se deben haber dado cuenta de que para que parezca todo como dicen, han de reajustar los rádares. Así que el límite de velocidad a detectar por los rádares será de 110 km/h más un 10% de error. Unos 121 km/h. Lo dicho, a ahorar por obligación, no por convencimiento, mientras en otros sitios hacen justo lo contrario.
    Actualización (22/03/2011): según informa elantiradar.com, los radares empleados para la detección de exceso de velocidad continuan calibrados para saltar a 135 Km/h, lo que confirmaría además de la medidad inadecudada, su caractar recaudatorio y por lo tanto éngañoso.

    martes, 24 de junio de 2008

    Consecuencias

    En un artículo anterior, se comentaba acerca del comportamiento y estrategia del actual partido en el gobierno en la pasada campaña electoral para las Elecciones Generales de 2008, así como del programa propuesto por este partido para la actual legislatura. Como ya saben los lectores de esta bitácora, el hecho de que el resultado les haya sido favorable no es un factor útil para valorar el contenido de la misma, aunque si para constatar que fue acertada dicha estrategia electoralista para conseguir estar otros cuatro años más ocupando los cargos públicos y políticos, que los ciudadanos españoles sustentamos con nuestro esfuerzo diario.


    Se decía en el artículo mencionado y los comentarios, que el programa ofrecido a los ciudadanos aportaba soluciones ambiguas a problemas igualmente indefinidos. El fundamento consistía principalmente en señalar los errores del contrario, estigmatizarlo, demonizarlo y aprovechar la imagen del candidato principal, Don José Luis Rodriguez Zapatero, dándole un aire mesiánico que el mismo promueve cuanto puede. El resto eran promesas y buenas intenciones para ocultar la realidad de la situación, para poder continuar adelante con la espiritualidad y buenísmo de su oferta.

    Ahora que ya nada podemos hacer los ciudadanos hasta dentro de cuatro años, se ha podido constatar que esto era una mentira deliberada, llevada hasta tal término de irresponsabilidad que no se tomo en su día ninguna acción para contrarrestar la ya tristemente famosa «desaceleración», para no provocar sospechas.

    No desear aceptar la realidad, vivir en el útero e intentar infantilizar a la sociedad en su provecho es un arma de doble filo, ya que aquellos que realmente padecen los rigores de las carestías provocadas a consecuencia de esta actitud, no son susceptibles al engaño.

    Los transportistas y la huelga

    Los transportistas han protagonizado con su reciente huelga un episodio de protesta que ha llegado ha adquirir en ocasiones tintes dramáticos. Si bien es verdad que los medios de comunicación en su tónica habitual de servicio al poder establecido han demonizado igualmente a los huelguistas y seguramente exagerado algunas informaciones, los trabajadores de este sector, viendo como se ignoraban los problemas que afectaban a su sustento vital, optaron por solucionarlo a la tremenda llevándonos al resto de ciudadanos a pasar por una situación no deseable, aunque merecida en buena parte.

    Se ha hablado mucho sobre la forma en cómo los transportistas que han participado en la huelga han llevado a cabo dicha protesta. En esta ocasión se van a señalar otros puntos que no se han mencionado en los canales principales, y que se consideran importantes a la hora de comprender al menos, que opciones existían y que posibilidades de éxito tenían, que es al fin y al cabo lo que presuntamente se pretende: conseguir que las reivindicaciones sean atendidas suficientemente.

    Se decía al final del mismo artículo de esta bitácora que está siendo recordado, que cualquier autónomo sabe valorar las acciones de gobierno sin tener titulaciones universitarias de ciencias políticas o económicas, al sufrir las consecuencias en su propia persona y negocio. De la misma forma se ha podido advertir, que en esta partidocracia aquellas minorías que no tienen un grupo de presión importante que les defienda (llámense sindicatos mayoritarios o partidos políticos), asisten impotentes a como sus problemas son sistemáticamente ignorados mientras que su gobierno negocia para conseguir la paz, con delincuentes que provocan ellos mismos la guerra.

    Ejercicio de lógica

    No es necesario tampoco poseer un título universitario en matemáticas ni en filosofía para extraer una conclusión lógica a la situación planteada: hasta que no se corten carreteras no nos van a hacer ni puto caso. De esta forma, se cumple con una sencilla premisa planteada hasta la saciedad en la famosa Ley de Murphy:
    Si algo puede salir mal, saldrá mal
    Si se dan las condiciones para el desastre y no se hace nada, tan solo será necesario esperar para que ocurra.

    Falta de memoria

    Se suele decir que el ciudadano español tiene poca memoria. Cada cuatro años vota solo valorando lo ocurrido en el último mes, como mucho. Pretender entonces que se conozca la Historia es una pretensión condenada presumiblemente al fracaso. Teniendo en cuenta las diferencias existentes debidas a la perspectiva y coyuntura histórica, en la Historia Española han ocurrido sucesos parecidos en donde el pueblo llano no tubo más remedio que sublevarse ante los continuos despropósitos de los gobernantes: la Revuelta de los Comuneros en la Corona de Castilla (1520-1522); y la Revuelta de las Germanías, en el Reino de Valencia (Corona de Aragón, 1519- 1523), las cuales fueron igualmente sofocadas por el poder, llevándonos a la situación actual tras muchos tropezones graves.

    Para no irse tan lejos en el tiempo, tan solo hay que volver a la última campaña electoral y recodar la burla de la que eran objeto aquellos que, obstaculizando los objetivos electoralistas del actual partido en el gobierno, se mostraban escépticos y críticos ante la situación de precrisis en clara actitud sacrílega. Vean, vean y recuerden, seguro que si es usted transportista, posee una inmobiliaria o es vendedor de automóviles, se va a descojonar:


    También en este blog se advertía: si no es usted de los colectivos profesionales mencionados y la próxima vez le toca pasarlas canutas, acuérdese de esto y no se pregunte por qué es tan desgraciado.