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miércoles, 14 de enero de 2015

El voto en blanco

El voto en blanco se suele interpretar como un apoyo al hecho electoral en sí mismo, pero manifestando disconformidad o apatía con las opciones que se presentan, o con el método de elección. Un deseo de participar en las elecciones políticas, dejando que sea la mayoría la que decida.

Pero esta opción de voto, en la práctica tal y como está planteado en el actual sistema español, tiene el efecto «colateral» de modificar los margenes mínimos necesarios para obtener representación parlamentaria, con unas consecuencias que pueden resultar inesperadas, por lo perjudiciales para los partidos minoritarios. De alguna manera, es otro más de los engaños del sistema.

Supongamos un electorado formado por las siguientes intenciones de voto:
  • 80% de votos en blanco
  • 20% de votos a tres opciones políticas repartidas de la siguiente manera:
    • 10% opción A
    •   6% opción B
    •   4% opción C
Suponiendo un mínimo necesario del 5% para obtener al menos un diputado, únicamente las opciones A y B lograrían representación parlamentaria —la farragosa aplicación de la Ley d'Hont es irrelevante en este caso—. Si sólo un 1% de los que han votado en blanco hubiera votado a la opción C, podría haber sido esta situación:
  • 79% de votos en blanco
  • 21% de votos a tres opciones políticas repartidas de la siguiente manera:
    • 10% opción A
    •   6% opción B
    •   5% opción C
De esta manera, se pasa de una situación dominada por el partido A en la que el partido C no tendría ni un sólo escaño, a otra en la que una coalición entre B y C tendría opciones de gobernar —la dichosa Ley d'Hont favorecería no obstante en el reparto a A—. Y esto sólo con un 1% de votos.

Trasladando este esquema al parlamento real de España, los 350 escaños actuales se llenarían con la representación obtenida del 20% restante. Si eliminamos el mínimo necesario para obtener un escaño, se quedaría en un 15%, aproximadamente. Si ese electorado vota siguiendo la pauta hasta ahora, es decir, con dos partidos mayoritarios ocupando el 85% de los escaños, se correspondería con un 12,75% de ese 15%, no quedando margen electoral para los partidos pequeños, al no haber porcentaje suficiente. Los dos partidos mayoritarios ocuparían el 100% de los escaños del parlamento.

Los partidos minoritarios tienen el problema de estar muy dispersos. El sistema actual basado en partidos permite que existan un número ilimitado de estos, sin embargo en la práctica, debido a la limitación del 5% la mayoría de ellos no lograran su objetivo. De esta manera, se cede el poder político a las opciones más tradicionales, conservadoras, radicales y sectarias que concentran un mayor número de votos.

Para intentar paliar estas aberraciones, surgió la opción de Ciudadanos en Blanco —ahora Escaños en Blanco— , por la cual en lugar de hacer uso de dicho voto, con esta alternativa política los apoyos obtenidos se convertirían en asientos vacíos, reflejando de forma más veraz —teóricamente—, el sentir ciudadano.

En cualquiera de los casos, hasta no hace mucho poca gente era plenamente consciente de las consecuencias de estas alternativas electorales. En el resto de casos, lo que comúnmente se entiende como una opción de «voto neutro», se contamina y convierte escondido entre porcentajes, en una trampa política.
votar

lunes, 12 de enero de 2015

El fraude electoral

¿Se vota en España a partidos o a personas? ¿es adecuado el sistema político para las costumbres del electorado español? ¿intenta paliar los vicios o por el contrario, se aprovecha de ellos?

En las pasadas Elecciones Generales del 9 de Marzo de 2008, el PSOE/PSPV presentaba en la Comunidad Valenciana a Dña. Mª Teresa Fernández de La Vega como candidata «por Valencia», que posteriormente se convertiría en vicepresidenta. Para llegar hasta ello, tuvo que empadronarse forzosamente en dicha provincia (municipio de Beneixida), ya que no era este su domicilio habitual.

El supuesto gancho de esta política de origen valenciano se utilizaba para atraer al público de dicha provincia, de forma que con sus votos contribuyera a la victoria de su partido. A pesar de que se acudía a un electorado concreto para obtener de ellos su confianza, no prometieron ni garantizaron que el escaño obtenido estaría al servicio de representar a dichos electores. Finalmente de La Vega obtuvo su escaño, como sabemos, a pesar de no ganar en su distrito electoral. 

Lo excepcional y forzado de toda esta estrategia —que tenía como objetivo recuperar el electorado de una comunidad que dejó de elegirles hace décadas— denota que el votante español no tiene en cuenta normalmente a quien vota, sino la ideología o la imagen artificial y mediatizada construida para el candidato a presidente del gobierno, que normalmente es el que se presenta por la circunscripción madrileña —mezclando elecciones legislativas con las del ejecutivo—.

Para que un sistema político funcione hay que tener en cuenta tanto los factores formales —los referentes a sus aspectos teóricos— como los sociales —definidos por la habilidad del electorado en hacer uso de sus herramientas democráticas—. Estas carencias tanto las formales en el sistema democrático español como los vicios de la sociedad, se realimentan entre sí, formando un circulo vicioso que puede resumirse así:
  1. El sistema lo propicia (no existen candidaturas independientes, las listas son cerradas, no hay independencia de poderes, etc.)
  2. Por la idiosincrasia del ciudadano español (falta de cultura democrática, sectarismo, nacionalismos, etc.)
Tal vez pudo parecer adecuado en su momento —en la Transición— la elección del sistema actual, pero más de 30 años después las cosas se ven de otra manera: porque la situación política ya está superada, por que la sociedad no es la misma y además, porque la supuesta necesidad de acoplar el sistema a dichas condiciones político-sociales del momento, han desembocado en una serie de incoherencias.

Independencia de los gobernantes


El mandato imperativo es una figura política por la cuál —a grandes rasgos— los representantes han de rendir cuentas ante los ciudadanos que los eligen. Existen varias formas de aproximarse a esta situación ideal, que van desde la propia elección directa de los representantes hasta mecanismos de revocación de mandato.

En España está expresamente prohibida en la Constitución de 1978 esta herramienta, con el pretexto de garantizar la «independencia» de los diputados. Lejos de lograr este objetivo, esta medida eliminaba la responsabilidad de los políticos con los ciudadanos, abriendo las puertas a que esta responsabilidad lo fuera para con su partido. En efecto, tras todas estas décadas no sólo el diputado no es independiente, sino que ha acabado siendo una marioneta ideológica de su partido.

Reparto de escaños


En el sistema político español el reparto de escaños se realiza en función de la poco proporcional Ley d'Hont como método, se dice que con la intención de favorecer la formación de gobiernos fuertes y a las opciones políticas que tengan mayor apoyo local o regional. Esta técnica tendría cierta lógica si los ciudadanos tuviéramos un control efectivo sobre los que ocupan los asientos en el parlamento.

En lugar de ello, los partidos ocupan todo el escenario de las campañas electorales. El candidato «cabeza de lista» por Madrid aparece en las vallas publicitarias de toda España y en los colegios aparecen sus listas en las papeletas con las grandes siglas de partido en la cabecera, mientras que los candidatos que las componen son meros números, nombre inocuos, títeres de partido cuya principal función es la de rellenar.

Suponiendo que los electores voten pensando en los partidos, el reparto se decide por el apoyo a una determinada lista de personas en una zona geográfica determinada, cuando en realidad se está votando un programa ideológico con aplicación en todo el Estado.

Si se decide votar en función de los candidatos tal y como el sistema aparenta permitir, para empezar nos tenemos que contentar con la lista puesta por el partido, tanto en orden como en composición. En cualquier caso, los que finalmente acaben en el parlamento dependerán de los votos logrados por las listas en otras circunscripciones. Total, para que luego ni se acuerden de quienes les han puesto ahí.

En definitiva, el problema no consiste solamente en las listas cerradas o la mayor o menor proporcionalidad, sino que se sigue un criterio engañoso. Por un lado se tiene un entramado de listas, candidatos y circunscripciones que nadie tiene en cuenta a la hora de decidir su voto, pero que sin embargo, son decisivas a la hora de definir el mapa representativo. En la práctica se tiene un parlamento dividido en facciones ideológicas monolíticas en forma de partidos, donde quien manda, son sus cúpulas directivas y otros intereses ajenos a los electores.

[Una versión de este artículo se público en el blog Centro de Estudios sobre Democracia el 31 de julio de 2008]

jueves, 18 de septiembre de 2014

Seis puntos sobre la crisis bancaria

Los bancos siguen desempeñando un papel en el sistema, sin que por el momento, haya un sustituto
Se ha hablado mucho sobre crisis, rescates bancarios y deuda publica. Todo el mundo dice tenerlo claro, pero se dan soluciones dispares. Mientras tanto, los ciudadanos tenemos que seguir funcionando. Sabedores de la preocupación de la sociedad, algunos bancos ofrecen como valor añadido el trato personalizado al cliente y muestran sus opiniones, como el Banco Mediolanum. Pero continua existiendo confusión.

Sectores muy relacionados con el mundo económico han criticado duramente el enorme gasto publico que España estaba acumulando y señalan como prioridad la necesidad de su reducción. Por otro lado, sectores más críticos con el capitalismo replican señalando que dicho gasto era debido a los rescates bancarios. Pero de nuevo, el sector afín al mercado acude rápido a señalar un dato importante: el rescate no ha sido a la banca privada, sino a entidades controladas por políticos, como Cajas de Ahorros y filiales bancarias. No se trataría entonces de «auténticos» bancos privados.

En lo único en lo que parece que hay cierto acuerdo es en que se ha gastado dinero público en asuntos «indebidos». Sin embargo, en cuanto se ha de concretar qué es y qué no es lo indebido, o señalar a los responsables y aportar soluciones, la empanada mental es impresionante.

Agitando los mismos hechos con la mano, ambos sectores reclaman sin embargo medidas contrapuestas, a cada cual más radicales: por un lado se piden nacionalizaciones de aquellas entidades a las que se ha rescatado, y por otro, la prohibición de entidades bancarias publicas —como cajas de ahorro— debido al descontrol que han supuesto. Sin embargo, si nos apartamos de posturas dogmáticas la situación tiene otro aspecto:
  1. Tal vez llamar «banqueros» a directores ejecutivos de entidades financieras semi-públicas puestos a dedo por políticos sea excesivo, pero en cualquier caso, lo verdaderamente importante y en lo que parece que hay cierto acuerdo es que los políticos han tomado decisiones incorrectas, antes, durante y tras los comienzos de los desplomes financieros.
  2. El déficit público se debe en su mayor parte a dichos rescates. Da igual que hayan sido a entidades públicas que privadas. La cuestión es que no se ha debido a un gasto excesivo en educación, ni en sanidad, ni en desarrollo, ni en investigación.
  3. El dilema no consiste únicamente en si se nacionaliza o se rescata con dinero público un banco quebrado. El problema es si esta pretensión no se acompaña de otra de cambio fundamental en las instituciones democráticas que afecte al sistema de representación y control de los políticos que los manejarían. Desde el 15M, ambas exigencias suelen ir acompañadas. Por tanto, es absurdo prohibir las nacionalizaciones con la excusa de que «los políticos son malos». Lo que hay que hacer es ponerles límite.
  4. La principal diferencia entre un banquero y un político —o alguien que depende de ellos— es que el primero tiene su negocio en riesgo. El segundo no arriesga prácticamente nada, al menos en España. Pero precisamente por esta impunidad y prepotencia política, la sospecha de acuerdos poco transparentes entre el poder político y la banca privada se hace demasiado insoportable como para no tratarlos con cuidado.
  5. No se puede meter en el mismo saco a los bancos de EEUU junto con los de España. Sin entrar en lo que sería un largo debate sobre los pros y los contras del sistema norteamericano, la cuestión es que la situación es completamente distinta a la de España. Para empezar, los bancos de EEUU que han estado implicados en las causas de la crisis son entidades de servicios financieros. Esto es, de especulación pura y dura, negocio que apenas existe en España —por lo menos reconocido—. En este país donde el poder judicial apenas se diferencia del político y en donde se permiten instituciones como las SICAV, que sólo benefician a las grandes fortunas mientras el ciudadano es sacudido a impuestos, no hacen falta. Ya se especula suficiente con la confianza de los ciudadanos.
  6. Esta excesiva inocencia o confianza en el sistema político por parte de la sociedad, es la que nos hace a todos culpables de la actual situación, aunque sea por pasividad. Pero que seamos culpables, no es lo mismo que ser responsables. Lo son los que ocupan cargos que se supone existen para evitarnos estas situaciones, o que manejan una información privilegiada que han utilizado exclusivamente en su favor.
    Un consejo: a la hora de tomar decisiones o de valorar, la situación, no nos dejemos influir por la pelea de gallos en la que se ha convertido este asunto, como con tanta frecuencia suele ocurrir en la polarizada sociedad española.

    Enlaces:

    martes, 17 de junio de 2014

    La educación necesaria

    La autoeducación es, creo firmemente, el único tipo de educación que existe.
    Isaac Asimov

    Imagen: Flickr
     ¿Está la educación diseñada para ayudarnos, o realmente de lo que se trata es formar a carne de cañón para el mundo laboral? ¿qué función cumple la universidad en este ámbito? En la oferta laboral de un país cuya economía consiste en servicios y turismo, los puestos que venían siendo desempeñados por técnicos provenientes de la Formación Profesional, son ahora ocupados en muchas ocasiones por universitarios que han pasado años hacinados en las universidades de la época de la burbuja, estudiando unas carreras que ahora no pueden aprovechar como pensaban. Esto hace preguntarse a mucha gente si realmente no será más práctico hacer un curso a distancia como por ejemplo los de la conocida CEAC.

    Isaac Asimov, conocido divulgador científico y escritor de ciencia-ficción, autor de la frase que encabeza el artículo, opinaba que la educación tradicional tenía un excesivo carácter impuesto: todo el mundo ha de aprender lo mismo, en el mismo lugar y al mismo ritmo, sin tener en cuenta los gustos, las necesidades y las capacidades de cada alumno. Asimov venía a decir que por encima de un mínimo necesario para asegurar una base educativa común, debería existir un punto en donde fueran las circunstancias de cada persona las que decidieran la línea futura, sin estar constreñidos por los actuales rígidos patrones educativos.



    El educador y escritor Sir Ken Robinson, opinaba unos años después de forma similar. Para él, la educación sigue unos patrones obsoletos, originados en la época de la Revolución Industrial y orientados a formar a la gente en las áreas más técnicas, dejando la parte más creativa y artística en segundo lugar. Robinson critica que actualmente en las escuelas se forma a los alumnos para desenvolverse en entornos ordenados y predecibles, donde las matemáticas ocupan un papel primordial. Sin embargo, es cuando ocurre lo inesperado y los planes se vienen abajo —como en la crisis actual—, cuando hay que usar esa parte creativa e imaginativa actualmente menospreciada, para salir del atolladero.



    El todo caso, cualquiera de los que hemos recibido educación pública en los últimos 40 años podemos coincidir en que ésta no se corresponde adecuadamente con lo que posteriormente, en el mundo adulto y laboral, nos encontramos. Durante la Transición, con el advenimiento de las nuevas fuerzas políticas, se transmitió un optimismo que esas mismas fuerzas políticas destrozaron con su mal ejemplo. En el ambiente laboral, el caciquismo, el peloteo, la sumisión y el nepotismo, conceptos que no entraban en ninguna asignatura, son sin embargo una norma excesivamente necesaria para desenvolverse.

    Nos vendieron un mundo en el que la lógica, la educación y el respeto entre iguales debía ser la norma. Pero la diferencia con el mundo que uno se encuentra cuando acaba la formación académica es de tal calibre, que difícilmente se puede evitar pensar que de lo que se trataba —y probablemente se trate— en el fondo, es crear a marionetas al servicio de unos intereses que poco tienen que ver con nuestro desarrollo personal.

    Ahora bien, lo queramos o no, ese es el mundo que nos ha tocado vivir. Lamentarnos no sirve de nada, y es necesario conocer cómo funciona y cuales son esas normas reales que nadie nos ha contado, para encaminar nuestra vida lo más cerca posible de nuestros objetivos y nuestros sueños.

    Los títulos oficiales en España tienen el mismo valor que algunos artículos de la Constitución Española de 1978. Aquellos que defienden la igualdad de los ciudadanos, por ejemplo. Ambos casos son igualmente oficiales y defendidos por el Estado, pero los problemas que estas afirmaciones adolecen en su realización práctica, responden a una laxitud legal y formal que se arrastra desde sus orígenes, a la que las instituciones oficiales y empresas se acogen para lo que les interesa. Como consecuencia, los títulos apenas tienen mayor valor que para establecer filtros en convocatorias, normalmente de puestos por debajo de la capacitación teórica de lo que se exige.

    En definitiva, dentro de los engranajes del funcionamiento de la sociedad, los títulos son necesarios y hasta cierto punto convenientes. Pero se ha de tener muy en cuenta que por ellos mismos, no te aseguran absolutamente nada. Es en tu día a día laboral, donde vas a forjar tu futuro, y donde te van a ser necesarias todas las aptitudes posibles. Estas las habrás obtenido probablemente durante tu vida académica, pero con toda seguridad que te serán necesarias muchas otras —seguramente, inconexas con tu formación anterior— si no deseas verte arrollado por la realidad.

    miércoles, 11 de junio de 2014

    Las 20 falacias más comunes, según Carl Sagan

    Foto: ver fuente del artículo
    El conocido científico Carl Sagan siempre mostró preocupación por el camino que la sociedad tomaba respecto a la ciencia y el conocimiento. Como divulgador, aconsejaba hacer uso del marco científico como la forma más eficiente de enfrentarse a los problemas. Además del llamado Kit del Esceptico y sus normas o consejos para eludir engaños o equivocaciones existentes en los medios de comunicación y redes sociales, también aconsejaba sobre cómo evitar que las cometamos nosotros mismos. Estas eran sus palabras:
    Además de enseñarnos qué hacer cuando se evalúa un reto al conocimiento, cualquier buen kit de detección de tonterías —kit del escéptico— también debe enseñarnos qué no hacer. Debe ayudar a reconocer las falacias más comunes y peligrosas de la lógica y la retórica. Muchos buenos ejemplos se pueden encontrar en religión y política, donde sus practicantes se ven a menudo obligados a defender proposiciones contradictorias. 

    Para ello, elaboró una lista de las 20 falacias y aberraciones lógicas más habituales con ejemplos de cada una de ellas. Algunos de los casos no me parecen del todo acertados, pero ¿quien soy yo para criticar al gran Carl Sagan? —bueno, estoy seguro que él no me dejaría caer en un argumento de autoridad del él mismo:
      1. ad hominem —del latín «contra el hombre», significa que se ataca al argumentador y no el argumento (por ejemplo: el reverendo Dr. Smith es un fundamentalista bíblico conocido, por lo que sus objeciones a la evolución no será necesario tomar en serio)
      2. argumento de autoridad (por ejemplo: el presidente Richard Nixon debería ser reelegido porque tiene un plan secreto para acabar con la guerra en el sudeste asiático —pero como era secreto, no había forma de que el electorado lo evaluara por sus méritos, el argumento se convertía en un «confiar en él porque él era el presidente»: un error, como se vio después)
      3. argumento ad consequentiam [o de las consecuencias adversas] — (por ejemplo: un Dios que castiga y recompensa debe existir, sino la sociedad sería mucho más anárquica y peligrosa quizás incluso ingobernable. O también: el demandado en un juicio por asesinato ampliamente publicitado debe encontrarse culpable, de lo contrario, será un estímulo para los demás hombres a asesinar a sus esposas)
      4. argumento ad ignorantiam [o apelar a la ignorancia] la afirmación de que todo lo que no se ha demostrado falso debe ser cierto, y viceversa (por ejemplo: no hay evidencia convincente de que los ovnis no están visitando la Tierra, por lo que existen los ovnis y vida inteligente en otros lugares del Universo. Otro ejemplo: pueden haber tropecientos millones de otros mundos, pero no hay constancia de que alguno de ellos tenga la calidad moral de la Tierra, por lo que seguimos siendo el centro del Universo). Esta ansia por aprovechar la ambigüedad a su favor es lo que se critica con la frase: la ausencia de evidencia no es evidencia de su ausencia.
      5. alegato especial, a menudo usada para rescatar una proposición en serios problemas retóricos (por ejemplo, ¿cómo puede un Dios compasivo condenar las generaciones futuras al tormento porque, violando las normas, una mujer indujo a un hombre a comer una manzana? alegato especial: no entiendes la sutil Doctrina del Libre Albedrío. Otro ejemplo ¿cómo puede ser igualmente la misma persona un Dios Padre, el Hijo y el Espíritu Santo?, alegato especial: no entiendes el misterio divino de la Trinidad. Otro más: ¿cómo pudo Dios permitir que los seguidores del Judaísmo, el Cristianismo y el Islam cada uno a su modo siguiendo medidas heroicas de amabilidad y compasión amorosa cometieran tanta crueldad durante tanto tiempo? alegato especial:: usted no entiende el libre albedrío de nuevo, y de todos modos, Dios se mueve en formas misteriosas)
      6. petición de principio, también llamada asumir la respuesta (por ejemplo, debemos instituir la pena de muerte para desalentar el crimen violento, pero, ¿es un hecho que la tasa de delitos violentos descienda cuando se impone la pena de muerte?. Otro caso: el mercado de valores cayó ayer a causa de un ajuste técnico y venta de acciones con beneficios de los inversionistas —pero ¿hay alguna evidencia independiente para el papel causal del «ajuste» y la venta con beneficios; ¿hay alguna utilidad en esta supuesta explicación?)
      7. sesgo de selección [o selección observacional], también llamada la enumeración de circunstancias favorables, o como el filósofo Francis Bacon describió, contar los éxitos e ignorar los errores (por ejemplo, un Estado se jacta de los presidentes que ha producido, pero no dice nada sobre sus asesinos en serie)
      8. generalización apresurada —un pariente cercano del sesgo de selección (por ejemplo, se dice que 1 de cada 5 personas es china. "¿Cómo es esto posible? conozco a cientos de personas, y ninguna de ellas es china. Atentamente" O: "he sacado tres sietes seguidos. Esta noche no puedo perder.")
      9. malinterpretar la naturaleza de la estadística (por ejemplo, el presidente Dwight Eisenhower expresa asombro y alarma al descubrir que la mitad de todos los estadounidenses tienen inteligencia inferior al promedio);
      10. inconsistencia (por ejemplo, ejecutar un plan de prevención para el peor de los males que un un potencial adversario militar sea capaz, pero ignorar de manera parsimoniosa proyecciones científicas sobre los peligros ambientales porque no están completamente "probados". O también: atribuir la disminución de la esperanza de vida en la antigua Unión Soviética a las fallas del comunismo hace muchos años, pero nunca atribuir la alta tasa de mortalidad infantil en los Estados Unidos (en la actualidad la más alta de las principales naciones industriales) a los fracasos del capitalismo. Otro caso: considerar razonable que el universo siga existiendo siempre en el futuro, pero juzgar absurda la posibilidad que haya tenido duración infinita en el pasado);
      11. non sequitur —del latín «no se sigue» (por ejemplo: nuestra nación prevalecerá porque Dios es grande. Pero casi todas las naciones asumen que esto se cumple para ellas también; la expresión alemana era «Gott mit uns» [Dios está con nosotros]). Normalmente, los que caen en la falacia non sequitur suele ser por no tener en cuenta las alternativas posibles;
      12. post hoc, ergo propter hoc — del latín «sucedió después, por lo que fue causada por» (por ejemplo, Cardenal Jaime Sin, Arzobispo de Manila: «conozco a... una persona de 26 años de edad que parece de 60 porque toma pastillas [anticonceptivas]» O: Antes de que las mujeres pudieran votar, no había armas nucleares)
      13. pregunta sin sentido (por ejemplo, ¿Qué pasa cuando una fuerza irresistible se encuentra con un objeto inamovible? Pero si hay una cosa tal como una fuerza irresistible no puede haber objetos inamovibles, y viceversa)
      14. falsa dicotomía —considerar sólo los dos opciones extremas en un continuo de posibilidades intermedias (por ejemplo, «claro, póngase de su parte, mi marido es perfecto, yo siempre estoy equivocada» O bien: «Si usted no ama a su país, es que lo odia» O bien: «Si no eres parte de la solución, eres parte del problema»)
      15. a corto plazo frente a largo plazo —un subconjunto del Principio del tercero excluido, pero tan importante como para prestarle una atención especial (un ejemplo, no podemos costear programas para alimentar a niños desnutridos y educar a los niños en edad preescolar. Necesitamos hacer frente con urgencia a la delincuencia en las calles. Otro: ¿por qué explorar el espacio o el ejercicio de la ciencia fundamental cuando tenemos tan enorme déficit presupuestario?);
      16. pendiente resbaladiza, relacionado con el Principio del tercero excluido (por ejemplo, si permitimos el aborto en las primeras semanas de embarazo, será imposible impedir la muerte de un bebé a término. O a la inversa: si el Estado prohíbe el aborto incluso en el noveno mes, pronto nos dirá que hacer con nuestros cuerpos en el momento de la concepción);
      17. confusión de correlación y causalidad (por ejemplo, una encuesta muestra que más graduados universitarios son homosexuales que aquellos con menor educación, por lo que la educación hace a las personas gay. O: los terremotos andinos están correlacionados con las aproximaciones más cercanas del planeta Urano, por lo que —a pesar de la ausencia de correlación alguna con el más cercano y masivo Júpiter— ésta las provoca)
      18. hombre de paja —caricaturizar una posición para que sea más fácil de atacar (por ejemplo, los científicos suponen que los seres vivos simplemente aparecieron juntos por casualidad —una formulación que ignora deliberadamente la visión darwiniana central, que la Naturaleza aprovecha lo que funciona y desecha lo que no. O —esto también es una falacia de corto frente a largo plazolos ecologistas se preocupan más por los caracoles y búhos manchados que por las personas)
      19. evidencia suprimida o medias verdades (por ejemplo, una «profecía» increíblemente precisa y ampliamente citada del intento de asesinato del presidente Reagan se mostró en la televisión, pero —un detalle importante— ¿fue grabado antes o después del evento? Otro ejemplo: los abusos del gobierno exigen un revolución, hasta para hacer una tortilla se han de romper algunos huevos. Sí, pero es probable que se convierta en una revolución en la que mueran más personas incluso que bajo el régimen anterior? ¿Qué sugieren la experiencia de otras revoluciones? ¿Todas las revoluciones contra regímenes opresivos son deseables y por los intereses del pueblo?)
      20. uso de ambigüedades para evadir la cuestión [palabras de comadreja] (por ejemplo, la separación de poderes de la Constitución de los EE.UU. especifica que los Estados Unidos no pueden llevar a cabo una guerra sin una declaración por el Congreso. Sin embargo, a los presidentes se les da el control de la política exterior y la dirección de las guerras, las cuales son herramientas potencialmente poderosas para conseguir que ellos mismos sean reelegidos. Por tanto, Presidentes de cualquier partido político pueden verse tentados de organizar guerras mientras agitan la bandera y hablan de «acciones policiales», «incursiones armadas», «ataques preventivos», «pacificación» , «salvaguarda de los intereses americanos», y una amplia variedad de «operaciones», como la «Operación Causa Justa». El uso de eufemismos para la guerra son uno más de la amplia clase de reinvenciones del lenguaje con fines políticos. En palabras de Talleyrand, «el arte importante de los políticos es el de encontrar nombres nuevos para instituciones que bajo sus nombres antiguos se han convertido en odiosas para la gente» )

        Sagan termina el capítulo con una advertencia necesaria :

        Como todas las herramientas, el kit del escéptico y demás recomendaciones pueden ser mal utilizadas, aplicadas fuera de contexto, o incluso como una rutina sin llegar a ser meditadas. Pero aplicadas juiciosamente pueden ser una herramienta que marque la diferencia —y no menos importante, permite evaluar nuestros propios argumentos antes de ser presentados a los demás.

        Nota: traducido por el autor del artículo (manteniendo el ratón por encima se accede al original en inglés). En aquellos casos en los que ha sido necesario, se ha optado por la denominación en latín —u otra alternativa más adecuada en nuestro idioma—, dejando entre corchetes la traducción literal. Aquí una lista de falacias en el idioma inglés.
         
        Fuente: Brain Picking


        martes, 7 de enero de 2014

        El éxito del 15M

        Imagen: El Roto
        ¿Que ha sido del 15M? ¿qué ha sido de aquellas movilizaciones desde el 2011? ¿qué se ha logrado? Hay quien haciendo gala del clásico derrotismo español —que sólo ve la parte mala— piensa que no se ha conseguido nada. O la estrechez de miras característica, esa falta de capacidad para ver el cuadro general que se nos presenta ante nuestras narices —fijándose sin embargo con detalle y regocijo en los inevitables defectos de los demás—.

        Existen algunos vicios que pesan como losas en la sociedad española. Algunos eran parte de aquello contra lo que el Movimiento 15M se oponía. Uno de ellos —puede que el principal— es confundir partidismo con política. Pensar que la política sólo es posible a través de un partido. Esta forma limitada y sectaria de pensar provoca que muchos vean al 15M como la tapadera de un partido. Otros por el contrario, se lamentan de que no se haya convertido en uno.

        Antes de las elecciones se veía al movimiento como una manera de alterar las elecciones —unos a favor y otros en contra, lógicamente—. Tras su resultado y la falta de actividad en las calles, los bandos más sectarios y más estrechos de miras, piensan que se ha fracasado.

        Esa forma cortoplacista de pensar, de buscar únicamente el beneficio inmediato, es la que nos ha sumido en la crisis político-económica actual. Es inútil explicar a estas personas que la utilidad del 15M es precisamente como forma de superar esas limitadas formas de hacer y de medir las cosas. Explicar que el 15M no tiene objetivos partidistas o electoralistas, que lo que se desea es cambiar el sistema. Y se desea hacerlo convenciendo, no por la fuerza. Para ello se necesita darse a conocer, salir a la calle y realizar protestas que tengan como objetivo llamar la atención, no lograr cambios significativos de la noche a la mañana. Se desea transmitir una idea, para ello es necesario que los medios fijen sus objetivos en los lugares adecuados —acampando en las plazas o rodeando el congreso— de forma que no tengan más remedio que hacerlo para no quedar en evidencia —aún así el silencio en algunos casos resulta clamoroso—.

        Que nos resulte tan difícil definir a un movimiento ciudadano, transversal, horizontal y descentralizado, dice mucho de nuestras carencias. Y estas se observan con el uso que se les da a las etiquetas. Con la de «los indignados», hace parecer a todo aquel que desee participar junto al resto de ciudadanos —ser partícipe del mismo malestar deseando aportar su grano de arena para intentar cambiar las cosas— como un único grupo susceptible de ser acusado del mismo interés partidista y electoralista que el resto.

        Ocurre que la principal virtud de un movimiento ciudadano es también su principal debilidad. Si se abre necesariamente la participación no se puede tener objetivos demasiado concretos ni se puede controlar a todo el mundo. Puede ocurrir que cualquier otro grupo se atribuya la organización, o que grupos organizados y controlados políticamente por estructuras externas al movimiento, se infiltren bajo las mismas siglas e intenten apropiarse del movimiento para utilizarlo o desvirtuarlo.

        Se hace necesario saber distinguir entre el movimiento ciudadano puro, de aquellos que pretenden personalizarlo para aprovecharse de el. De esta forma, organizaciones de izquierda han contaminado la idea en un intento político —electoralista — de influir en las elecciones, abonando el terreno para que grupos conservadores que sólo ven la parte que les interesa, encuentren justificada la critica al conjunto —confundiendo la parte por el todo—. Es necesario también objetividad para evaluar los intentos de realizar propuestas para solucionar los problemas comunes, sean todas de nuestro agrado o no. De esta manera se podrá ver cual es el auténtico éxito del llamado 15M.

        Realmente, esta no es más que otra etiqueta que representa la materialización de la cada vez mayor brecha entre la sociedad y la clase política, que comenzó años antes de aquella mítica manifestación del 15 de marzo de 2011.

        Una vez esa brecha se evidenció en la calle, una vez los ciudadanos se vieron unos a otros y se dieron cuenta que no estaban solos, todo cambió en España. Antes de aquello, decir que no había democracia ocasionaba que te tratasen como a un marciano. Ahora, los que critican el sistema son héroes, que todos quieren imitar.

        De la media docena de agrupaciones que surgieron como consecuencia del malestar generalizado de la sociedad española, ahora, unos años después, hay más de sesenta organizaciones cuya esencia bebe de los mismos principios que movían al 15M. Es la materialización de un descontento de los ciudadanos con la clase política que alcanza sus mayores cotas de los últimos años.

        Movimientos independientes, cada uno con sus propias directrices aunque todos basados en la misma idea general. El 15M no los dirige, ni falta que hace. Es el surgir por fin en España del necesario concepto de ciudadanía responsable, principal protagonista de un sistema democrático: la sociedad civil.

        martes, 22 de octubre de 2013

        Información y realidad


        Porque para conocer la realidad que nos afecta día a día en nuestras vidas y poder tomar decisiones, es necesario tener información sobre ella. 

        Porque para tener información es necesario tener tecnología y canales libres de comunicación, sin filtros, sin censura. 

        Porque para tener estos canales es necesario que la sociedad tenga los mecanismos para garantizarlos y acceder a ellos con un mínimo de igualdad. 

        Porque para que la sociedad tenga estos mecanismos de control es necesario un sistema político que lo permita.

        Por ello, no hay más remedio que interesarse por la política.

        sábado, 5 de octubre de 2013

        Los pasillos de España

        «Desde hace tiempo ha sido para mí un axioma que las cosas pequeñas son con mucho las más importantes» 

        Conan Doyle, Sir Arthur


        La fnac cerró sus puertas ese día a la ilusión de muchos ciudadanosEl sábado 28 de septiembre unos ciudadanos formaron cola en la puerta de la fnac de la calle San Vicente (Valencia) para encontrarse con un personaje muy admirado por ellos. Varias generaciones de aficionados han disfrutado de su irónica, en ocasiones gamberra y contestataria, y siempre simpática y divertida obra. Juntos, se reunieron ese día con la inocente ilusión de conocerle y obtener a cambio una simple, pero importante para ellos, firma suya.

        Esta persona, a pesar de no haber sido reconocida por las instituciones oficiales con uno de esos premios que se otorgan a los que interesan al «régimen», desbordó las previsiones de los organizadores del evento, ya que las dos horas previstas fueron insuficientes para que todas las personas que acudieron, vieran cumplido su deseo.

        Niños con ilusión que esperaban con sus tebeos en mano, y adultos que emocionados observaban el incipiente y sano gusto por la lectura que Francisco Ibáñez (dibujante como todo el mundo sabe de Mortadelo y Filemón, entre otros) les había logrado provocar. Se quedaron plantados, desilusionados y con esa incómoda sensación de haber perdido las más de dos horas de espera.

        Aparte de la frustración comprensible de no poder cumplir con tu objetivo, existen varios puntos que me hacen percibir este hecho como algo más significativo de lo que parece. Pensadores influyentes opinaban que las cosas cotidianas y sencillas son las importantes, las que van componiendo lo que luego vemos como grande e imponente.

        Por tanto, que este desafortunado incidente sea anecdótico en cuanto a daños y perjuicios a nuestros bienes materiales o legales (los morales ya es otra cosa), no lo hace sin embargo, carente de importancia. Es importante porque define una filosofía de convivencia. Filosofía por la que se define la relación entre una entidad, sea publica o privada, con la gente, el pueblo, los ciudadanos, el público. Filosofía que define tanto el trato recibido por unos, como el impartido por otros. Filosofía que se ve reflejada en todo nuestro sistema político y social.

        Empezamos por no llegar puntuales a la cita, ya que la convocatoria era a las 18h. Media hora más tarde, la cola seguía aumentando de tamaño. Las personas entraban al recinto dentro de la Fnac dedicado a estos eventos en grupos de unas 20 personas. Mientras tanto, la cola se formaba en la puerta del establecimiento y continuaba hasta el exterior, pasando por un pasillo de la propia Fnac, que daba a la calle en donde se prolongaba.

        Cada diez o quince minutos la cola avanzaba de forma generosa (unos 10 o quince metros, lo que en efecto se corresponde con un medio metro por persona en la cola). Todo parecía ir bien cuando, de repente, justo antes de entrar al pasillo mencionado, el avance de la cola apenas fue de un mísero metro. A partir de ese momento, unos 30 minutos antes de la hora prevista de finalización (a las 20h), la cola avanzaba a un autentico paso de tortuga reumática.

        Al asomarse al pasillo de entrada a la Fnac, uno podía empezar a comprender lo que estaba ocurriendo. Lo que era una cola «normal», es decir, de anchura aproximada a la de un par de personas, se había convertido en su inicio en un «monstruo» de gran envergadura, en donde se agolpaban decenas de personas. Contrariamente a lo que los instintos primitivos nos inducían a cometer, primó la moderación intentando dar ejemplo, deseando que  funcionara el sistema que les dejamos en herencia a nuestros descendientes que nos acompañaban.

        Es comprensible que haya gente que guarde el sitio y que poco antes de entrar, acudan a la entrada para no hacer todos cola. Comprensible, pero no justo, e inaceptable cuando se convierte en una marabunta. Es cierto que los organizadores, a los que se les explicó lo que ocurría, no puedan hacer casi nada si es permitido por la propia gente que está en la cola (claro, los que estaban a punto de entrar les da lo mismo). Y todo esto ocurriendo sin que los que están fuera, en la calle, se den cuenta de lo que ocurre en el pasillo de entrada.

        Se convierte en una desvergüenza cuando ves que los propios organizadores participan del desaguisado colocando ellos mismos en la cola a la gente nueva. Y se convierte en una tomadura de pelo, una manifestación de caradura y falta de escrúpulos repugnante, cuando se pasean por la salida y se fuman un cigarro, sabiendo que toda esa gente, niños, niñas y adultos que les miran, no van a entrar. Sin dignarse a dar un aviso. Una explicación. Que decir ya de una disculpa.

        La cola se detuvo poco más tarde de las ocho de la tarde, unos minutos más de la hora prevista, para no moverse más. Pasadas las 20:30h, yo mismo pregunté al personal de seguridad cómo es que no entraba nadie desde hacía más de veinte minutos. El agente me contesto, no sin cierta dificultad, que «creía» que ya no iba a entrar nadie más. Le pregunté atónito que cuando pensaban decírnoslo, y me contestó que estaba esperando que se lo confirmaran (sic).

        Desconcertado, dejé al agente de seguridad. En ese momento la gente que salía comenzó a decir que Ibáñez ya se había ido, hacía unos minutos. Poco después, alguien dijo algo en la puerta y la cola se deshizo. La cuestión es que no entró nadie, en la última media hora que se supone prolongaron la visita del ilustre historietista.

        Y esta fue la verdadera enseñanza de aquel día. Que en España lo que ocurre en los pasillos lo conoce poca gente. Y los que lo conocen es porque participan de ello. Son cómplices de mentir y aprovecharse del resto, de los de «fuera del pasillo».

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        lunes, 6 de mayo de 2013

        Las claves de la política

        «La libertad no hace felices a los hombres; los hace sencillamente hombres.»
        Manuel Azaña (1880-1940), político español


        Rajoy, en actitud improcedente,
        dada la situación
        Según el reciente «barómetro» del CIS, la clase política ha pasado a ser uno de los mayores problemas que preocupan a la sociedad, por delante incluso del terrorismo. La Corona, día si y otro también, aparece en los medios relacionada con asuntos turbios. En la Unión Europea, países como  Grecia o Chipre están siendo prácticamente expoliados por la llamada «Troika», sin importar las consecuencias sociales de las medidas que se adoptan. Todo, para solucionar una deuda contraída en tiempos en los que los políticos utilizaban la demagogia para prometer un progreso falso, que muy pocos durante aquel tiempo se preocuparon, o no se atrevieron, en desmentir.

        ¿Es esto normal? ¿cómo es posible que todos los políticos en prácticamente cualquier país sean considerados una lacra social? ¿para que sirven las instituciones públicas políticas? ¿qué hace Europa?

        Me niego a dar explicaciones del tipo «no gobiernan los míos». Así es como llevamos haciendo en España durante más de 30 años, para acabar como estamos ahora. Como ciudadano, he intentado deducir a modo de tres puntos concretos, cuales son esas claves de la política que nadie se ha preocupado en contarnos. Vean qué les parece:
        1. Para que uno mande, ha de haber otros que le obedezcan: 

          Puede parecer una perogrullada, pero creo que la gran mayoría de las veces nadie, o muy pocos, se dan cuenta de esta circunstancia. El cacique del pueblo, el político corrupto, el sindicalista aprovechado o el empresario borde y sin escrúpulos, están en sus puestos gracias a que tienen al suficiente número de gente que le ríe las gracias y les hace los favores. Es la consecuencia de no saber hacer nada más, que cambiar el color del cacique de turno.
        2. Cualquier persona defenderá en primer lugar, sus propios intereses.

          Es completamente normal que cualquiera de nosotros defienda sus propios intereses, los de su familia o tal vez, los de su entorno más cercano. Se tiene la peculiar creencia de que una persona, sólo por estar puesta a dedo en un cargo público por el partido que hemos votado, no va a hacer exactamente lo mismo. Luego la gente se sorprende, pero lo cierto es que no tenemos el más mínimo control sobre las personas que están al frente del Estado. Un político cualquiera defenderá con uñas y dientes su modo de vida. Mentirá si es necesario, y utilizará todos los medios que los ciudadanos pagamos con nuestro dinero, para colocar a sus familiares, amigos y personas que le convengan. Como haríamos cualquiera de nosotros si las cosas se pusieran difíciles.
        3. La necesidad y la libertad son opuestas, aunque complementarias

          El altruismo se da principalmente cuando las personas que lo realizan, tienen todo lo que cada uno entienda por necesidad, satisfactoriamente cubierto. Muy difícil será que, por el punto anterior, una persona decida sacrificar algún aspecto de su trabajo o los estudios de sus hijos, para que sean otros los que lo disfruten.

          Las personas decidirán en función de sus necesidades, cuanto mayor sean estas. Esto tiene su lado bueno y su lado malo. El lado malo es que su decisión estará condicionada a su situación particular, y por tanto, no será válida para otras personas en otras situaciones. Una persona con necesidades no debería según esta premisa, tomar decisiones políticas. El lado bueno de la necesidad es que ésta, es un punto de conexión muy fiable con la realidad. Toda persona con necesidad sufre directamente las consecuencias de sus decisiones, o las decisiones de sus representantes. Por tanto, la relación entre los grados de libertad y los factores que crean necesidades a nuestros políticos, es un pilar básico del que depende todo el sistema.
        El «mandato representativo» que la actual Constitución Española otorga a nuestros diputados, cumple la función según dice nuestra Carta Magna, de dotarles de «libertad de elección». Si esto fuera así sería estupendo. El problema es que esto no se cumple, ya que esta supuesta libertad de voto se ha convertido en «esclavitud de partido», al ser estos diputados elegidos por los respectivos jefes, teniendo con ellos una relación de sumisión descrita en los puntos anteriores.

        Por tanto, dicha «necesidad» de agradar para permanecer en su puesto, es muy «efectiva» para seguir al pie de la letra las ordenes de su grupo político, pero quedando estas al margen de las necesidades reales de los ciudadanos, que no pintan nada en este asunto. Que los representantes han de tener una capacidad económica holgada para que sus decisiones no estén condicionadas por sus necesidades en este campo, es correcto, pero las necesidades y las consecuencias de sus decisiones políticas deberían estar sometidas a juicio de los ciudadanos a los que representa, no a los de sus jefes de partido.

        Merkel, celebrando
        la supremacía germana
        Mientras tanto Europa, no es más que una reunión de líderes políticos que pugnan por el poder que ellos mismos se han inventado. Pueden hacer lo que quieran con los Estados a los que representan, si estos les dejan. Merkel, si tiene que rendir cuentas a alguien no es a Europa, sino al Tribunal Constitucional de su país. No tiene la culpa de que los gobiernos del resto del continente modifiquen su constitución y acepten los acuerdos que les proponen. Lo que si que tengo muy claro es que estos acuerdos que tomen, serán los que más les convengan a ellos. ¿De verdad esperaban otra cosa?

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        viernes, 5 de abril de 2013

        ¿Monarquía o República?


        La Historia de España, sobre todo la más reciente, ha marcado de tintes ideológicos cada uno de estos conceptos, siendo muy complicado evitar la asociación monarquía-derecha/república-izquierda. Sin embargo, repúblicas como los Estados Unidos o Alemania, difícilmente se pueden asociar exclusivamente a la izquierda. El problema, pues, parece ser interno.

        Para que la sociedad pueda decidir sobre este asunto, sería conveniente resolver primero esta confusión. Que se den estas asociaciones tan simplistas aún hoy en día, es seguramente reflejo de un problema endémico que se arrastra. Nunca se ha hecho frente a esta disyuntiva, ya que cada vez que ha surgido una nueva constitución o ha caído una monarquía, las cosas han venido dadas para el pueblo.

        Éste, se ha encontrado con tener que aceptar noblezas aristocráticas en las monarquías, o castas oligárquicas en las repúblicas. Nuestro problema no es realmente la forma de Estado, sino el llevar arrastrando una sociedad basada en el caciquismo. Quitar a un rey para poner en su lugar a una «estirpe» de políticos que va a ocupar el cargo de máxima autoridad del Estado, sin que existan mecanismos de control y equilibrio que regulen un poder idéntico al de un monarca, no hace más que continuar el problema.

        La Transición es otro más de esos pasos inacabados en los que determinados poderes volvieron a decidir por el pueblo en lo más importante. El Rey cumplió un papel fundamental en aquel periodo histórico, en el que según dicen algunos expertos, la sociedad no estaba capacitada tras el sufrimiento de más de 40 años de enfrentamiento en la Guerra Civil y el resentimiento de la dictadura, todavía sin superar. Y probablemente fuese cierto.

        Pero pasados ya más de 30 años desde entonces, nunca parece estar preparada la sociedad, ni se hace nada para que así sea. Mientras en otros países la monarquía no es más que un recuerdo del pasado, en España el motivo principal para justificar esta institución continúa siendo el mismo: que la sociedad «necesita» la figura de un Rey.

        El problema surge cuando esta institución se ve envuelta en escándalos bochornosos y su «función» parece consistir en aprovecharse de la ignorancia en la que se mantiene a la sociedad, a la que debería servir.

        No se trata de discutir sobre la forma de Estado, ni de dudar de la importancia que en el pasado tuvo la figura de la monarquía. Se trata de identificar y solucionar aquellas trabas que impiden que la sociedad tenga la madurez suficiente como para poder decidir. La misma madurez que hace que esta figura, de una vez por todas, deje de ser necesaria.

        Nota: este texto se redactó hace pocos días para colaborar en un proyecto de graduación, a petición de  una de sus participantes (antes de los recientes sucesos relacionados con la Infanta Cristina)
        Más información en: woMet - Metropolitan Women's Magazine (@wo_Met)