- Dictadura de la mayoría: un parlamento, aún por el hipotético supuesto de ser democrático, no le habilita para decidir sobre cualquier cosa, menos aún si es uno autonómico. Para que una democracia no se convierta en una dictadura de la mayoría, ha de tener límites, asegurar la igualdad ante la ley del «demos» y no decidir cualquier cosa. Por lo tanto, el argumento básico es falaz.
- Independencia de poderes: por buenas que sean las intenciones; para asegurar esa igualdad ante la ley que capacita (en principio y a falta de mostrar sus capacidades como gestor y comprobar cual es la voluntad de los ciudadanos en las urnas) a todos los ciudadanos por igual para ser por ejemplo, presidente del gobierno; los representantes una vez con el poder que le delegan los electores han de estas sujetos a un sistema que los limite, y que no dependa de esa «buena voluntad», que seguro que al poco de ir en los coches oficiales se les olvida. Si no existen estos límites, llamarle democracia es una burla.
- Soberanía: ahora viene lo que esconde Rubalcaba. Los parlamentos de los países que los tienen (sistemas parlamentarios) representan la soberanía de ese país. Lo que dice ese parlamento va a misa, y el nivel de barbaridades que se decidan en el vendrá determinado por los puntos anteriores. En este caso el País es España, no Cataluña, es decir, Cataluña no es soberana para tomar todo tipo de decisiones, sea o no democrático el parlamento. España sí es soberana para decidir apoyar la Guerra de Irak, o aprobar la nueva Ley de Costas, por ejemplo, nos guste o no, duela a quien duela y mientras no se cambien las cosas, porque ningún ciudadano ni ningún representante elegido por los mismos ha podido intervenir en dichas decisiones.
- Legitimidad democrática: las posibles argumentaciones de que el parlamento autonómico no puede elegir cualquier cosa porque el parlamento y poder judicial central (Español no, ya que los dos son Españoles) defiende a todos los ciudadanos no es útil, porque dicho parlamento no es democrático aunque los políticos que lo ocupan nos intenten convencer de lo contrario, y no hay igualdad, aspecto manifiesto y que es la baza fundamental que utilizan los nacionalistas de forma victimista. Habría que decir que: «todos los ciudadanos españoles están sujetos al la ley de España, que se decide en el parlamento central y vigilada [teóricamente] por el poder judicial». Las autonomías son extensiones del estado o divisiones territoriales sujetas a la misma ley (La Constitución, sea buena o mala). Por lo tanto, el parlamento autonómico carece igualmente de legitimidad democrática.
- Electoralismo: el gobierno central con el PSOE al frente, renuncia lograr la legitimidad democrática del parlamento central Español, y solo le interesa seguir en el poder. Para ello y obtener el favor del electorado nacionalista, prefiere hacer dejación de funciones al perder o ceder parte de la soberanía de la que es responsable, antes que obtener una legitimidad democrática, ocultando sus verdaderas pretensiones.
- Cesión de soberanía: no hay que confundir la división territorial autonómica del estado, con la cesión de soberanía. Como se ha explicado, la soberanía de un área es la que permite a dictaduras como Cuba o la China tomar todo tipo de decisiones, perjudiquen a quien perjudiquen, encarcelen a quien encarcelen, sin importar los derechos humanos o la igualdad de los ciudadanos ante la ley. La cesión de soberanía que desde el gobierno central Español se está efectuando paulatinamente desde la transición, implica que las leyes que gobiernan en el estado español sobre estos derechos, aun defectuosamente defendidos, no son válidos en esta parte de su territorio, dándose casos como coacción o multa a particulares por usar una lengua determinada infringiendo derechos lingüísticos, cierre de emisoras solo por ser criticas con el gobierno autonómico arremetiendo contra la libertad de prensa o represión brutal de manifestaciones de inofensivos estudiantes, entre otros. No hay una propuesta autonómica para mejorar la legitimidad democrática, sino que se utiliza el nacionalismo como elemento electoralista. Seguir en el poder es lo importante, y cuanto más , mejor.
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sábado, 5 de septiembre de 2009
viernes, 13 de enero de 2006
Incongruencias
No hay nada más contrario al espíritu constitucional que hacer una manifestación en la capital de España contra una parte de España, y eso es lo que es, que nadie se llame a engaño
- Si el estatuto es favorable a esta, nadie debería preocuparse ya que entonces, la manifestación no está en contra del estatuto, obviamente.
- Si el estuto está en contra de la constitución, entonces lógicamente la convocatoria estaría en contra del estatuto, pero no de Cataluña, ya que en función de las normas de cultura democrática, la discrepancia en las ideas y posturas políticas es necesaria para que exista un debate civilizado que favorezca el reequilibrio político, sin que ello implique un ataque a la persona o comunidad, en sí misma. Es decir, el resultado en las urnas es vinculante para un cambio de gobierno, pero no para callar a la oposición, la cual tiene la obligación seguir cumpliendo su función, dentro de la oposición leal. El criticar a esta por realizar su cometido es realmente el atentado contra la democracia. Conviene indicar que las protestas realizadas, sea por ataque al estatuto o a Cataluña, demuestran que se admite que el estatuto es inconstitucional.
Según dijo, la convocatoria del PP "va contra lo más profundo del sentido constitucional", que a su juicio es "el reconocimiento como una España plural y el respeto al pluralismo, tanto político como cultural, lingüístico y territorial. Por tanto, el título (de la manifestación) me parece muy contradictorio", agregó
Más allá de las disputas políticas, nos tenemos que entender -comentó-. Yo no guardo rencor a nadie y menos a aquellos con los que vivo diariamente
¿Cuál es la realidad?
En primer lugar, y por el hecho de que una manifestación o acto a favor de la constitución sea el único motivo para que suponga una afrenta para algunos y para el estatuto, es que este último está en contra de la constitución y es conocido sin pudor por esos mismos que han manifestado su posición contraria al acto.
En segundo lugar, pues que el Sr. Pérez Rubalcaba a pesar de su formación académica, su cargo y su experiencia política, no sabe encontrar respuesta a este tipo de incongruencias lógicas y parece desconocer el funcionamiento de la democracia en un estado de derecho.
Por esta circustancia, su cargo en el actual gobierno y las funciones que debe desempeñar, serían discutibles, al menos. Puede que en publicaciones posteriores se analicen las implicaciones de que todo esto, respecto a su cargo y funciones en el partido y en el gobierno actual, sean conocidas y aceptadas por el resto del mismo y su dirección.
Por último, existe una transmisión a los ciudadanos, tal vez intencionada, de esta forma de adopción de posturas rígidas y antidemocráticas, confundiendo conceptos y alterando la convivencia.
miércoles, 19 de octubre de 2005
Las falacias de Zapatero
Zapatero ha subrayado que hay que reconocer la existencia de sentimientos identitarios diversos entre los españoles, y ha dicho que la grandeza de la convivencia es saber integrarlos y respetar los sentimientos profundos de una Comunidad por su historia, su cultura o su lengua. «Eso cabe en la Constitución», ha dicho Zapatero, quien ha añadido que es posible una denominación de Cataluña respetuosa con su «fuerte identidad» y con el artículo 2 de la Constitución, «tanto en su letra como en su espíritu».
Habría que añadir que un sentimiento de «fuerte identidad» no es condición suficiente para que al resto les parezca igual. Por ejemplo, por más que yo me identifique fuertemente con Napoleón Bonaparte, es complicado que los demás me vean como el (¡quien sabe!) y lo que es inaceptable es que pretenda imponer a los demás no solo como me tienen que ver, sino que además, como se tienen que ver a si mismos.
Continuando con esto, y en mi opinión, también existen otras comunidades con un fuerte sentimiento de autoidentificación, histórica, cultural, literaria, idiomática, geográfica, económica, etc. reconocida y palpable (a pesar de todo) como la Comunidad Valenciana, y que no necesitan obligar a los demás a verlos de una determinada forma y en donde conviven desde hace siglos varias culturas en relativa armonía (a veces lógicamente alterada).
Para Zapatero, hay que rechazar «la verdad incuestionable de una posición» y hay que «transigir con la verdad» y llegar a un acuerdo de convivencia entre las diversas identidades. El presidente del Gobierno se ha mostrado convencido de que el entendimiento se va a abrir paso porque los españoles confían en sí mismos, saben cómo hacer las reformas y «cómo olvidar a aquellos que a cada reforma anuncian una catástrofe».
La última afirmación es una afirmación gratuita, ya que independientemente de si entra o no en la labor de la oposición el criticar las acciones del gobierno, en ningún momento niega que sea alguna catástrofe esta reforma o da argumentos para que no lo pensemos, simplemente viene a decir que no nos asustemos, que confiemos en el, sin más.
ha recordado la actitud del PP ante la ley que permite el matrimonio entre homosexuales y ha lamentado que ese partido se haya caracterizado por el «inmovilismo y el conservadurismo» y no haya sabido ver nunca las reformas que España «sabe y puede hacer, como va a hacer ahora -ha asegurado- con el Estatut de Cataluña».
El jefe del Gobierno ha lamentado que el hecho de que no descalifique ni insulte, e intente un debate «razonado y razonable» haya sido interpretado momentos antes por García Escudero como «divagar» sobre el Estatut.
Zapatero: «Mi posición es la que permitirá históricamente las mejores fórmulas de convivencia»
En democracia, le advirtió, la verdad de cada uno no puede ser el punto de llegada, sino sólo el de partida, que debe conducir a un acuerdo «sobre el sentimiento de identidad y sobre las fórmulas de convivencia que en democracia tenemos que garantizar para todos».
Hacerlo, ha dicho, es cuestión de «voluntad» y de «tener visión histórica» porque, según ha alegado, «no estamos en un terreno de la verdad científica».
Puede parecer exagerado, pero no mucho más que la de alguien que pretende decirme que cualquier postura de cualquier «entidad» es igual de sostenible. Parece que es más acertado el decir que cualquier postura tiene derecho a ser defendida por alguien, pero sin que exista o sin que debiera existir la obligación a ser admitida ni en todo ni en parte por el resto, si no merece serlo. En definitiva, sale a relucir de que se trata únicamente de una cuestión «de fuerza», sin pretender el dialogo, ni el debate, ni el acuerdo.
¿Cuál es la realidad? Pues parece que nuestro presidente pretende de que le sigamos a ciegas, de que confiemos en el sin necesidad de que nos justifique sus acciones, que nos profetiza los efectos de sus (fórmulas «mágicas») acciones o mandatos, que su palabra es la única verdad...
¡¡¡que alguien me diga que estoy equivocado, por favor!!!
Fuentes:
Artículo en «El País»
Artículo en «El Mundo»
Actualización 26/02/2010
(1) En aquel momento mi idea de la Constitución de 1978 era mucho más positiva que la de ahora, no obstante la idea se mantiene: la ley vigente es la que es, sea buena o mala, y cumple la función que comenta.
(2) ídem: La constitución de 1978 es o fue, un punto de partida. No se pretendía ni ahora ni en aquel entonces defender la bondad de dicha constitución, sino que si hay que cambiarla, es decir, si se necesita otro punto de partida, deberá serlo acordado por la sociedad civil y no como consecuencia de un acuerdo político entre partidos nacionales y autonómicos.
lunes, 10 de octubre de 2005
La falacia «Mayor» Zaragoza
«En cuanto sale una cosa ya está todo el mundo criticando, y después resulta que (el Estatuto catalán) se aprueba en el Parlamento catalán por el 88% de los votos»
«No se pueden mantener estas posiciones totalmente estáticas de no querer cambiar nada y de tener siempre los privilegios las mismas personas»
«España como se rompería sería si llegara un momento en que hubiera insolidaridad manifiesta entre unas regiones y otras, y cuya unidad estuviera impuesta por la fuerza de los ejércitos, y no la España que tiene unos ciudadanos que en su inmensa mayoría quieren estar juntos y quieren tener relaciones solidarias»
calificó de «gran disparate» el decir «que no se toque la Constitución», porque «hay muchas cosas que hay que modificar siempre al cabo de unos años»
Mayor Zaragoza se declaró partidario de la «evolución», porque «la naturaleza lo que nos ha enseñado es que hay que ir mutando» y «cuando no hay evolución, entonces hay alguien que añade una r» y eso «significa violencia y ruptura»
A su juicio, «no hay que hacer tantos aspavientos diciendo que España se va a romper si (Cataluña) se llama nación» y recordó que «los Estados Unidos que tanto admiran (los populares)» son 51 Estados «que forman una nación», porque «lo más importante es que todos Estados aceptan que haya un único presidente y que haya un poder federal»
¿Cuál es la realidad? No se puede hacer otra deducción más de que intenta transmitir su interés por que esta reforma se lleve a cabo pero ... sin que se note mucho.